Mientras haya una estrella en el cielo

Los poemas del Cante jondo y el Romancero gitano de Federico García Lorca, y con ellos, la España más allá de la “reconquista” y los arcabuceros. El díptico de Emir Kusturica conformado por Tiempo de gitanos y Gato negro, gato blanco, en la Yugoslavia antes del desgarro. García Márquez y el Melquíades de sus Cien años de soledad, cuyos pergaminos rezaban que “el primero de la estirpe está amarado a un árbol y al último se lo están comiendo las hormigas”. Tal vez no hablaba de los Buendía como todos pensamos, sino de los propios romaníes. Una serie británica reciente sobre el mundo del hampa y la banda criminal de los “Peaky Blinders” en la Birmingham de los años veinte, presuntamente de ascendencia gitana o nómada irlandesa. Mi propia experiencia de vida en una Mar del Plata de cíngaros, en los barrios tan peculiares de “Jara al fondo”. Algunas referencias que confluyen en el interés por este pueblo. Este no es un tratado sociológico, sino apenas un poema para desbaratar prejuicios.

Soy gitano andaluz, romaní de los balcanes,
negro calé, gypsie irlandés,  
zíngaro intocable, indio-pakistaní.

Soy gitano, errante y vagabundo,
nómada sin rumbo,
o eso es lo que dicen de mi.
Pero no soy yo el sin patria.
Cuando ustedes partieron sus porciones,
ya estaba fumando mi pipa por los treinta y dos rumbos,

así como soy, polizón del orbe.


Y cuando la falsa escuadra otro corte señale,
aquí seguirán mis piernas arqueadas de lomos de caballo,
mi entrepierna dura,
mi faldón cruzado,
mi pañuelo cinchado a la gran carreta del mundo.

Soy gitano, supersticioso e infiel,
pagano sin ley,
o eso es lo que dicen de mi.
Pero así como soy,
mi superstición es una fe ritual, salvaje y sin molduras.
Cultivo símbolos:
el azar y sus azares,
la familia y sus calores,
y mis muertos,
dioses cercanos que enterró el hortelano entre la grama.

Tiro cartas, fumo inciensos, adolezco de amores,

lamentos le arranco a las guitarras y los acordeones.

Y cuando nada de eso alcanza,
estacas desclavo y tramonto caravanas.
Soy místico, soy ético, familiar y atávico,
y sus recelos me valen un maravedí.

Soy gitano, rústico y ladrón,
artista de malas artes, mañoso de toda maña,
o eso es lo que dicen de mi.
¿Escandaloso? El silencio.
¿Ignorante? El que desconoce los caminos trenzados.
¿Ladrón? El que no troca. 

Mientras haya una estrella en el mundo,
seguiré buscando, seguiré buscando, si.
Y cada vez que llegue a un poblado
y una mano  de payo me señale forastero,
diré en buen romaní:
-apenas si estoy volviendo, yo ya estuve por aquí-.

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