Haití: “El presidente no renunció por la gerencia de Estados Unidos”

Haití entra en su décima semana de protestas en reclamo de la dimisión del presidente, Jovenel Moïse, mientras la violencia en las calles avanza con el saldo trágico de 42 muertes, según datos de Naciones Unidas, 19 de ellas, en manos de fuerzas de seguridad. En diálogo con Resumen del Sur, el periodista y sociólogo Lautaro Rivara señaló que “un factor determinante es el rol y la gerencia de Estados Unidos” y explicó la la agenda de reclamos detrás de las manifestaciones.

¿Por qué no renunció el presidente luego de 9 semanas de protestas?

Respecto a la situación del presidente Jovenel Moïse cabe destacar que prácticamente todos los sectores políticos y fuerzas sociales organizadas del país hoy están en el campo de la oposición demandando su dimisión inmediata.

En torno a la pregunta de por qué el presidente no ha renunciado tiene que ver con un factor de poder determinante en Haití es el rol y la gerencia de los Estados Unidos a través de su embajada en la capital Puerto Príncipe. Básicamente Estados Unidos ha manifestado su apoyo a la continuidad del gobierno del Partido Haitiano Tèt Kale (PHTK) por 3 cuestiones que tienen que ver con su geopolítica y su interés en la región.

En primer lugar, porque Haití viene siendo, desde el año pasado, un socio útil en la política de agresión contra la República Bolivariana de Venezuela votando contra ella en espacios regionales como la Organización de Estados Americanos (OEA) o la Comunidad del Caribe (CARICOM). Incluso, Haití ha sido el único país de la Comunidad del Caribe que ha votado a favor de la activación del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) que busca ser la cobertura ideológica para invadir Venezuela. Entonces, digamos que el gobierno de Estados Unidos negocia, de alguna forma, a cambio de ese alineamiento de Haití en su política regional, un apoyo irrestricto a la continuidad del gobierno.

El segundo punto tiene que ver con que Haití, de alguna forma, oficia de barrera a la expansión de los intereses comerciales y diplomáticos chinos en la región. Debemos recordar que China viene teniendo un enorme avance en todo Centroamérica y el Caribe y también en la región de Sudamérica a través de inversiones, acuerdos comerciales y diferentes proyectos de infraestructura. En ese marco, Haití es uno de los pocos países que siguen sosteniendo relaciones con Taiwán, considerado por China como una provincia rebelde y, por lo tanto, Haití sigue sin mantener estas relaciones con China y, de alguna forma, pese a los intentos de China de invertir en el sistema eléctrico del país, Haití se viene negando tomando posición en esta especie de guerra fría que tenemos en curso en pleno siglo XXI.

El tercer motivo tiene que ver con que el gobierno del PHTK en Haití ha garantizado y ha dado enormes prerrogativas a la continuidad de los intereses económicos de las grandes trasnacionales estadounidenses en el país, en parte, vinculado a la producción de las zonas francas industriales de las llamadas maquilas que aprovechan los salarios absolutamente depreciados de la mano de obra haitiana y también la continuidad de las explotaciones mineras y la perspectiva de nuevas explotaciones en la región del norte del país que como saben es rica en oro, plata, cobre, bauxita y otros minerales raros.

¿Cuál es la agenda de reclamos?

El punto convergente de la agenda de reclamos de los diversos sectores que hoy están en la oposición es, en primer lugar, la dimisión inmediata del presidente Jovenel Moïse y también el cese de funciones del parlamento dado que tanto el presidente como varios parlamentarios se han visto implicados en el desfalco de fondos públicos millonarios en el marco de los acuerdos de la plataforma energética PetroCaribe.

Otro punto que acaba de ser acordado por los diferentes sectores de oposición tiene que ver con estar construyendo un gobierno de transición, de coalición y unidad nacional por un periodo no menor de 2 o 3 años que esté elaborando una serie de políticas sociales y económicas de emergencia para atender la gravísima situación social y económica que hoy afronta el país.

También, el acuerdo de avanzar hacia una reforma política y electoral para volver transparente y confiable un sistema electoral que ha permitido el desarrollo de elecciones claramente fraudulentas en los últimos comicios y también avanzar, en el mediano a largo plazo, en un proceso constituyente que permita desarmar el andamiaje político, jurídico y económico que ha permitido el desarrollo de décadas de políticas neoliberales y neocoloniales.

También, recientemente, estos sectores de oposición han firmado una serie de acuerdos que establecen cómo sería esta sucesión del poder de gobierno transitorio y lo que se ha acordado es que el presidente sería elegido entre algunos de los jueces de la corte de Casación elegido por representantes de los diferentes bloques de oposición y que el primer ministro –recordemos que es un sistema mixto que reconoce a un presidente y a un Primer Ministro como figuras ejecutivas- sería escogida de las filas de la oposición política.

Los sectores que han firmado estos acuerdos son varios. Por un lado, la Alternativa Consensual que expresa la tradicional clase política y algunos de los parlamentarios opositores vinculados a los grandes factores de poder económicos en el país. Un espacio reciente, constituido este mes de noviembre, que se llama el Bloque Democrático, ligado a un exministro de Asuntos Sociales y de Trabajo, Victor Benoit, y que expresa de alguna  forma sectores de la pequeña burguesía profesional más conservadora. También un espacio llamado Mache Kontre formado por los partidos socialdemócratas tales como OPL, Fusión y otros agrupamientos menores. Un espacio también bastante novedoso llamado La Pasarela, que de alguna forma, como su nombre lo indica, busca ser un puente entre los diferentes sectores de oposición facilitando sus acuerdos y su trabajo en conjunto que ha sido fundado este espacio y se referencia en Bernard Krant, el hasta no mucho tiempo coordinador del foro económico que nuclea algunas de las principales cámaras patronales del país y el último espacio que es el más representativo y con vínculos más orgánico a las movilizaciones de calle y las protestas masivas que se desarrollan en el país hace prácticamente 10 semanas, es un espacio llamado el Foro Patriótico que aglutina a más de 60 partidos de izquierda, organizaciones populares, movimientos sociales del campo y de la ciudad y también sindicatos.

¿Qué salida ves en el corto plazo?

La salidas posibles a corto plazo son varias. Por un lado, difícil de sostener en el tiempo, pero una posibilidad es la continuidad del presidente en funciones pese a su enorme impopularidad. Esto implicaría que la situación en el país se prolongue indefinidamente. Si bien la oposición todavía no ha tenido la fuerza para forzar la dimisión del presidente es evidente que este presidente y el partido del gobierno son absolutamente incapaces de gobernar. Han perdido el control de la calle completamente, han perdido la capacidad de que la maquinaria de Estado funcione en su estado mínimo.

Hoy en el país, para dar un indicador claro, estamos sin actividad escolar desde mediados de septiembre, la actividad en los centros de salud es prácticamente intermitente o nula, incluso, los trabajos mínimos de recaudación del Estado se han visto gravemente afectados y las protestas sociales, según la dinámica interna del país, bloquean permanentemente tanto la capital, la zona metropolitana como las diferentes rutas que conducen a los departamentos del interior del país. Entonces, la continuidad del gobierno es posible pero no implica de ninguna forma la resolución de crisis dado que los presuntos intentos de diálogo del gobierno han sido y serán, en los sucesivo, absolutamente rechazados por los diferentes sectores de oposición.

Una salida que empieza a esbozarse, que es la más regresiva, es el recrudecimiento de la represión policial como una forma de recuperar, por la fuerza, los consensos que el gobierno ha sido incapaz de generar. En ese marco, hace unos días Amnistía Internacional sacó un informe en donde constató claramente el uso desproporcionado de la fuerza policial en las manifestaciones. Las propias Naciones Unidas reconocieron hasta comienzos del presente mes una cifra de 42 muertos, solamente considerando de comienzos septiembre para aquí, y el Consejo de Derechos Humanos habían denunciado ya hace varias semanas alrededor de 80 personas muertas en el marco de las protestas, en su inmensa mayoría, por la represión de la policía nacional y por herida de bala.

Entonces, esa salida represiva es bastante evidente, incluso, ha empezado a combinarse con formas bastantes más complejas y trágicas de control territorial como son la infiltración permanente de paramilitares oriundos de Estados Unidos. Hace algunos días fue detenido en el aeropuerto internacional un ciudadano norteamericano de ascendencia haitiana que fue parte delas Fuerzas Armadas de Estados Unidos y que llegó al país portando un cargamento de armas y municiones. Nadie ha logrado explicar cómo ese ciudadano logró pasar y burlar a las autoridades aeroportuarias de Estados Unidos y llegar a Haití pero bueno, lo que aquí sectores de la oposición han denunciado es que se trata de mercenarios contratistas que se han infiltrado en el país por pedido expreso del presidente y del gobierno haitiano. Incluso, en una de las protestas convocadas por la oposición, sectores armados civiles no identificados abrieron fuego contra una de las protestas que se desarrollaba por una de las principales arterias de la ciudad hiriendo a 4 personas: dos manifestantes, un periodista y un policía.

Entonces, esta salida represiva, como hemos visto también con el desarrollo de masacres en diferentes barrios populares de las zonas metropolitanas, incluso, en algunas comunidades del interior del país es una posibilidad latente y cierta, por ahora.

La otra salida posible y, claramente, la más progresiva, sería una resolución que nosotros llamamos nacional y soberana a la crisis que se permita a las fuerzas sociales haitianas resolver sus propias crisis políticas internas, evitar todo tipo de injerencia norteamericana o de terceras potencias y permitir que este gobierno de transición entre en funciones, inicie su plan de medidas políticas y económicas de emergencia, desarrolle su programa de reformas políticas y podamos contar en dos o tres años con elecciones realmente limpias, libres y transparentes y con un gobierno surgido de la voluntad popular.

¿Cómo definirías al gobierno y qué perfil tienen los opositores?

El gobierno es absolutamente ultra neoliberal que tiene un vínculo muy estrecho y alineación completa con la política de Estados Unidos en la región. Un gobierno que carece del más mínimo proyecto y modelo de desarrollo para Haití que ha contribuido junto con las políticas del departamento de Estado y el FMI, por ejemplo, ha terminar de destruir y quebrar la producción agrícola campesina volviendo al país absolutamente dependiente de la asistencia alimentaria externa que ha contribuido a la informalización completa del mercado laboral haitiano y que ha agravado los índices, ya históricamente negativos, de pobreza, miseria, desigualdad, desempleo y hambre.

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