Antigénesis del tercer mundo

Poema extenso y alegórico, reescritura del libro del Génesis, acompañado de una fotografía de la increíble serie homónima del fotógrafo brasileño Sebastião Salgado. Recomiendo el documental alusivo titulado “La sal de la tierra”.

 

“Robaron los conquistadores una página al universo”

José Martí

1:1

En el principio, Dios, desgarrando la bruma americana, creo la civilización y la barbarie.

1:2

Y la tierra estaba sin orden y vacía de gentes, vacía de cultura, y el espíritu de Artigas y el de los araucanos, se movían libres sobre la faz de las aguas.

1:3

Y entonces dijo Dios “sea la civilización”, y Norteamérica lo iluminó todo con una luz artificiosa.

1:4

Vio Dios que la instrucción era buena, y distinguió la luz vesperal de los civilizados, de la opaca estupidez del gauchaje.

1:5

Llamó a Europa civilización, y a los naturales llamo bárbaros. Y ese fue, oficialmente, el primer día de la creación.

1:6

Entones dijo: “Haya una escuela en cada rincón de la Patria, para separar la paja del trigo, a los educados de los degollados”

1:7

E hizo escuelas, y separó a las razas hechas de cobre de las que eran cruda arcilla. Y así fue.

1:8

Y fue la tarde y la mañana del día segundo.

1:9

Entonces dijo Dios: “Dispérsense las naciones que antes estaban reunidas. Que aparezca nuestra Patria enana, las urbes, las grises arterias de los caminos, los zaguanes” Y así fue.

1:10

Llamó Argentina a ese jirón de patria, y el resto, tertulia de despojos, llamó América. Vio Dios que esto era un progreso hacia mejor.

1:11

Y Dios dijo: “Produzca la Nación no más que granos, aceites y vacas para provecho de los capitales ultramarinos”

1:12

Pero la Nación también parió latifundios, alambres de fardo, parásitos ociosos de la tierra que trajina.

1:13

Y fue la tarde y la mañana del tercer día.

1:14

Entonces dijo Dios: “Haya lumbre para distinguir la cultura europea de la zafia ignorancia montonera. Guíese la mansedumbre por rectos caminos”

1:15

Y los poetas constelados tutelaron la marcha de la civilización, de los días y los años. Y así fue.

1:16

Y fueron paridos dos astros, Lugones para dominar el día, y Olegario Andrade para dominar la noche. También fue parida, por error, la díscola estrella que vocifera y agoniza.

1:17

Dios montó a los grandes astros sobres academias, museos, bibliotecas. Desde allí alumbraron la tierra con rayos inquisitoriales.

1:18

Dios los rotuló entonces con distinciones, homilías, premios nacionales.

1:19

Y fue la tarde y la mañana del cuarto día.

1:20

Entonces dijo Dios: “Habiten los conventillos innumerables seres pegajosos y hacinados, y vuelen sobre ellos prohombres de carruaje y de levita.”

1:21

Y Dios engendró vastas proles de negras cabezas, y todas produjeron según sus rubros, sus oficios. Vio Dios con beneplácito saltarse las costuras de los silos.

1:22

Y Dios los maldijo diciendo: “Sed fecundos y multiplicad las faenas, los ingenios, las curtiembres”

1:23

Y fue la tarde y fue la mañana del quinto día.

1:24

Entonces dijo Dios: “Produzca la Nación otra caterva de parásitos. Y así nacieron los tilingos, las tropillas de langostas, las conjuras de burócratas”

1:25

Y Dios entregó a los oligarcas su peón y su hacienda, a los burócratas su confort, a los obreros su reloj y su fatiga.

1:26

Entonces dijo Dios: “Creemos una criatura sobrehumana que tenga por brazos una pluma y un garrote. Hagámoslo a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza, y que pueble todo el territorio, que instruya, custodié las fronteras, aplaste la desmesura de las rebeliones.

1:27

Y Dios creó a leguleyos y gendarmes.

1:28

Dios los bendijo con haciendas y pensiones, y les dijo: “Sojuzguen la tierra y disciplinen la mecánica expansiva de las turbas federales”

1:29

Y dijo Dios: he aquí que os he dado generosas contribuciones. Mamarán los hijos pródigos de las gordas ubres de las arcas nacionales.

1:30

Y a las bestezuelas rastreras, a obreros y peones, aún les quedarán para mascar los duros panes de la beneficencia.

1:31

Dios, satisfecho y onomástico, se felicitó por su obrar. Y entre elogios y complacencias, se le fue apagando la tarde y la mañana del sexto día de la creación.

 

2.1

Seis días llevó a Dios la antigénesis del tercer mundo.

2.2

Y acabó Dios su obrar en el día séptimo, y luego de tan breve fatiga, descansó para siempre.

2.3

Y Dios bendijo a su progenie de alumbrados, civilizados y gentes de cruda arcilla. A su progenie de Lugones, oligarcas, leguleyos y gendarmes. Y todos ellos, dijo, serán los vástagos de mi soberana fiaca, y como tales, seguirán descansando.

La otra estirpe en cambio, no ha cesado de crear. Y es ella quien sigue labrando los panes, los juegos, la ternura, los dioses, los caminos.

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