Haití y el norte que ardió en revolución

Limbè (Lenbe), la ciudad del legendario Mackandal, el sacerdote vudú que condujera con su mano manca importantes rebeliones de esclavos y cimarrones a lo largo del siglo XVIII, las que pusieron patas para arriba a la colonia más fabulosamente rica del planeta. Allí se forjaría un vínculo entre religiosidad y poder que ya nunca habría de quebrarse de este lado de la Isla La Española;

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Plaisance (Plezans), en donde aún se conserva la casa de Toussaint Louverture, el Espartaco negro, el Lenin americano, el esclavo liberto que fuera precursor de la Revolución Haitiana de 1804. El ilustrado, el gran estadista que sin embargo no supo o no pudo llevar la revolución a su extremo límite, y murió de frío, encerrado, sólo, y traicionado en las catacumbas de una Francia dudosamente universal;

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La ciudad de Vertières (Vètyè), en donde se desarrollara una de las batallas más importantes de nuestra historia continental, una gesta que enfrentó a las victoriosas tropas de Jean-Jacques Dessalines contra los humillados ejércitos napoleónicos. Batalla cuya grandeza corre pareja a la de Ayacucho, Carabobo o el cerco a la Paz y todo nuestroamericano de ley debería conocer al dedillo;

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Boïs-Caiman (Bwa Kayman), la floresta dónde empezó todo. El sitio preciso en que un grupo de cimarrones pronunciaron, bebiendo la sangre de un cerdo negro y soplando sus caracolas rituales, el juramento solemne de matar al hasta al último colonizador y de quemar hasta la última plantación. Daba así comienzo la radical rebelión de esclavos que pronto se convertiría en una fenomenal revolución social, nacional, anticolonial, antiesclavista y antiimperial.

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El otrora fabuloso Palacio de San Souci en Milot (Milo), residencia del Rey Christophe, quien gobernara el centro y norte de Haití tras las guerras civiles que dividieron el país en dos. El mismo que bautizara su residencia personal con el nombre de su más férreo enemigo tras encomendar su certero asesinato, para apropiarse de su memoria y borrarlo para siempre de los anales de la historia.

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Y finalmente la mítica Ciudadela de Laferrière (Citadel), el fuerte más grande e imponente de todo el hemisferio occidental, construido en una alta montaña por 20 mil haitianos a lo largo de 18 años para custodiar el norte y centro del país de las tentativas de recolonización francesas, inglesas, españolas o cualesquiera fuesen. Con una armazón de piedra y junturas hecha de cal, sangre, melaza y barro, la imponente Ciudadela, resistente a tres terremotos, continúa militarmente invicta. Y además de recordar las glorias pasadas, vigila y espera por la segunda revolución haitiana, la que ha de venir a cumplir las tareas todavía inconclusas, para regenerar la nación que abolió la esclavitud, hizo posible el sueño de la independencia nacional y continental y rompió la historia para siempre.

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