«En su prolífica obra, y con antecedentes tan tempranos como su clásico Filosofía de la liberación, Enrique Dussel dejó una serie de pistas y coordenadas que podrían servir al desarrollo de una auténtica geopolítica de la liberación en clave latinoamericana y caribeña; perspectiva esencial para interpretar las complejas relaciones entre espacio y poder que se dan en el centro y las periferias del planeta, y para comprender y actuar en un mundo convulsionado y en plena transición hegemónica».
— Del capítulo «Apuntes para una geopolítica de la liberación a partir de la obra de Enrique Dussel»

Sensaciones encontradas: por un lado, la tristeza por la partida de nuestro querido
amigo y maestro Enrique Dussel; imposible prologar estas páginas sin el recuerdo de su participación virtual en las jornadas de Viedma: nos dijo entonces que ya se había ido su gran amigo, cómplice y colega Juan Carlos Scannone y que ahora le tocaba el turno a él. A la vez, la profunda alegría de ver cómo, a cincuenta años del nacimiento de la filosofía de la liberación, sus aportes tienen una vigencia plena hasta el punto de nutrir todas las áreas del pensamiento filosófico e, incluso, devenir un auténtico paradigma pregnante de ideas y propuestas en campos como las ciencias sociales, el derecho, la historia, la economía, el arte o la salud.
Es interesante destacar que, al contrario de lo que ocurre con otras corrientes, es
claramente mayoritaria la contribución a este paradigma de gente nacida después de 1971, momento ya legendario en que aquellos jóvenes pioneros entre los que destacaba Enrique se reconocieron en el Congreso Nacional de Filosofía en Córdoba, Argentina. Lo notable es que durante décadas la filosofía de la liberación fue ignorada, cuando no salvajemente perseguida, tanto en las aulas universitarias como en las calles de buena parte de nuestra América. De hecho, la Revista de Filosofía Latinoamericana, en donde se publicó por primera vez el Manifiesto escrito por Dussel y firmado por todo el grupo, debió ser editada y distribuida en
forma clandestina durante la última dictadura militar que padeció la Argentina. Pero más allá de la represión formal por parte del terrorismo estatal, aún en democracia se trató de ocultar por todos los medios la potencia del paradigma de la liberación. Es que la matriz eurocéntrica que impregna los claustros académicos no soporta el aire fresco ni la energía vital que aportan estas ideas. Ideas que no son diseñadas en un escritorio por un grupo esclarecido, sino que toman su savia de los saberes que circulan por nuestros pueblos, resultado de múltiples aportes que van desde los ancestrales que provienen de los primeros pobladores de la tierra hasta los que llegan con los más recientes migrantes. Quizá sea esto último lo que explique que, a pesar de todo, el paradigma de la liberación adquiere cada vez renovado vigor.
De ese aire fresco, de esa energía vital, de esos saberes, da cuenta este dossier.
Quienes tuvimos la fortuna de compartir aquellas jornadas de Viedma podemos dar fe de que estos aportes reflejan cabalmente ese espíritu. La pluralidad de procedencias a pesar de la dificultad de llegar hasta la Patagonia, la diversidad de temas abordados, la multiplicidad de puntos de vista y, sobre todo, la capacidad de no agotar el encuentro en meras exposiciones teóricas, de salir de la jaula iluminista que piensa al ser humano como mero raciocinio sin cuerpo ni sentir. Algo de esos cantos y de esos bailes, algo de ese compartir la comida y la bebida, algo de ese modo de hacer comunidad entre nosotros, con nuestros ancestros, con la
Pachamama, algo de ese dar gracias está presente en cada una de las intervenciones que acá se plasman en letras de molde. ¡Jallalla!
— Del prólogo de Enrique del Percio
