Indigenismo, federalismo y marxismo en Francisco René Santucho

Francisco René Santucho (1925-1975) propuso una indagación de nuestra realidad nacional trazando una original intersección entre la tradición de izquierda marxista, el federalismo y el indigenismo radical. Desde una perspectiva tanto teórica como práctica, en sus facetas de intelectual y organizador político, el “otro” Santucho nos legó una serie de tesis e intuiciones aún parcialmente inexploradas en los medios intelectuales, militantes y académicos de nuestro país. Nos proponemos aquí trazar tres hipótesis para explicar este olvido, así como invitar a su revalorización y redescrubrimiento. Publicado en Debates Urgentes Nº 6, Diciembre de 2017.

Santucho, el negro, el otro

Hay otro Santucho, subterráneo, clandestino, ensombrecido por la figura de Mario Roberto, el ya mítico fundador del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT). Otro Santucho que le resulta en cierta medida paralelo, contradictorio y convergente a la vez. Se trata de Francisco René (1925-1975), “el negro”, el hermano mayor, el otro Santucho. Miembro también de una familia de notables militantes e intelectuales de izquierda, que sufrió en la década del ´1970 toda la saña de la represión militar “anti-subversiva” con el objetivo, apenas disimulado, de extirpar toda una genealogía de sujetos tan incómodos como ilustres.

Por eso es que la reciente edición de las obras completas de Francisco René Santucho (FRS de aquí en adelante) (Barco Edita, Colectivo AlCarajo, Dimensión, INDES, UMAS: 2016) implica, verdaderamente, repasar la historia a contrapelo. Y junto con ellas, el estudio preliminar de César Gómez a dicha edición, resulta un buen itinerario para introducirse en las condiciones de producción, en la praxis intelectual y en la dimensión político-organizativa de FRS. Se reseñan allí, apretadamente, algunas de sus obsesiones fundamentales.

Quizás las marcas corporales sean un buen comienzo para comprender una trayectoria intelectual que parte desde la piel y el rostro, antes que de un imposible intelecto cartesiano, libre de determinaciones, puro y abstracto. Es decir, comenzar por el cuerpo como punto de partida epistemológico, en línea con las indagaciones del intelectual afro-caribeño Frantz Fanon. No casualmente “el negro” y “el cacique” fueron los dos sobrenombres que le endilgó la vida social y familiar, sin estigmas evidentes, a Francisco René Santucho (FRS de aquí en adelante).

FRS expresa un modelo de intelectual en el que la itinerancia y la captación directa, sin mediaciones librescas de la realidad social, constituye un rasgo determinante.

Lo “negro” entendido como lo “no blanco”, como una reducción contraria al tono oficial de nuestra identidad colonial excluyente, dado que de ser más precisos deberíamos hablar de una piel de tono terroso o cobrizo. Colores que, junto con los rasgos fenotípicos, marcan las huellas indelebles de una genética preamericana. La apelación al “cacique” refirió comprensiblemente a sus serenos dotes de conducción y liderazgo, pero nuevamente situándolo implícitamente en una genealogía indígena. Así lo recuerda, por ejemplo, una semblanza reciente: “Atrapado en ese presente oscuro se miraba al espejo y veía a un indio de rasgos afilados con ropa de burgués. La piel marrón y el pelo negro duro. Los ojos pequeños, estirados hacia atrás y hacia arriba, en una mirada casi asiática” (Picco, 2016). Estas marcas, estas genealogías reales o imaginarias (o más bien míticas, como conjugación de ambos elementos) son, por tanto, centrales para comprender sus indagaciones y sus obsesiones intelectuales en relación a la cuestión indígena, tanto en su dimensión local como en su proyección nacional y latinoamericana.

Otro dato de interés se relaciona con su formación autodidacta. Rebelándose frente al mandato de Francisco del Rosario Santucho, el recio patriarca familiar, FRS abandonó sus estudios secundarios y frustró las expectativas familiares de una prometedora carrera universitaria, que debía estar en sintonía con la consumada formación profesional de la mayoría de sus hermanos y hermanas. Paradojalmente, su abandono de los estudios formales fue de la mano de una intensificada labor intelectual, en la que combinó las tareas de librero, editor, crítico literario, promotor cultural, historiador, ensayista y teórico revolucionario.

Pero también desarrolló una serie de tareas manuales, “trabajos humildes”, que no podemos relegar al lugar de mero accidente biográfico: “fue agricultor y capataz de obras viales, y luego fue empleado en el hospital de Las Termas (…) Después se alejó más de la capital santiagueña y recorrió los obrajes de Weisburd y Monte Quemado, en el norte boscoso de la provincia” (Picco, 2016). Creemos que estas actividades son tan importantes como sus labores específicamente intelectuales, dado que FRS expresa un modelo de intelectual en el que la itinerancia y la captación directa, sin mediaciones librescas de la realidad social, constituye un rasgo determinante. Ejemplo de esta praxis es su aprendizaje del quechua, cuyos primeros rudimentos los aprendió de los susurros cómplices de los hacheros santiagueños, hasta perfeccionarlo mediante la formación autodidacta, y depurarlo finalmente en cursos formales durante su exilio boliviano.

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Sus iniciativas culturales más destacadas fueron la fundación de la librería “Aymara” (más tarde rebautizada como “Dimensión”), epicentro de la contracultura capitalina santiagueña, y de la revista homónima. Expresiva, junto a otras tantas repartidas por toda la geografía nacional, de una transición intelectual-cultural de gran escala operada durante el postperonismo y también de la radicalización progresiva de amplias capas de las clases medias argentinas. La cuestión nacional, la cuestión indígena, el drama federal y la búsqueda de una identidad latinoamericana, son tópicos recurrentes de “Dimensión”, en la pluma anticipadora de FRS pero también en la del resto de sus miembros y colaboradores.

Por qué las contribuciones de FRS nos han pasado desapercibidas en este largo ciclo de revalorización intelectual y política de las producciones nacionales y latinoamericanas, después de un prolongado silenciamiento producto de la hegemonía del pensamiento único y las derivas “post” de nuestras intelectualidades nativas pero eurocentradas? ¿Por qué su prestigio no corre paralelo o siquiera sigue de cerca al de su hermano Mario Roberto, con quien compartió la fundación del PRT y junto a quién se desempeñó como uno de sus referentes pioneros?

Respecto a su dimensión político-práctica, FRS se destacó como fundador, en 1961, del Frente Revolucionario Indoamericano Popular (FRIP), una organización político revolucionaria hondamente influida por la experiencia de la peruana Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA), liderada por Víctor Raúl Haya de la Torre, pero también por el parteaguas de la insoslayable Revolución Cubana. Menos obvia y visible, pero también significativa, es la influencia de exponentes de la llamada izquierda nacional, como Jorge Abelardo Ramos, José Hernández Arregui, Raúl Scalabrini Ortiz y John William Cooke.

El FRIP, de inserción fundamentalmente norteña, con núcleos militantes en las provincias de Salta, Tucumán y Santiago del Estero, fue la organización que a partir de su confluencia con la organización trotskista Palabra Obrera, dio pasó a la fundación en 1965 del PRT. FRS también fue parte de esta experiencia, aunque prontamente eligió renunciar a sus tareas de conducción, conforme fue consolidándose el liderazgo y la orientación política de su hermano Mario Roberto, con quién mantendrá algunas diferencias, fundamentalmente vinculadas al debate sobre la lucha armada.

Tres hipótesis para explicar un olvido

Pero, después de un prolongado silenciamiento producto de la hegemonía del pensamiento único y las derivas “post” de nuestras intelectualidades nativas pero eurocentradas ¿Por qué las contribuciones de FRS nos han pasado desapercibidas en este largo ciclo de revalorización intelectual y política de las producciones nacionales y latinoamericanas, después de un prolongado silenciamiento producto de la hegemonía del pensamiento único y las derivas “post” de nuestras intelectualidades nativas pero eurocentradas? ¿Por qué su prestigio no corre paralelo o siquiera sigue de cerca al de su hermano Mario Roberto, con quien compartió la fundación del PRT y junto a quién se desempeñó como uno de sus referentes pioneros? ¿Por qué han tardado tanto en urgir estas obras completas de las que hoy disponemos en una edición cuidada y accesible, considerando que hasta hace poco apenas si circulaban unos escasos folletos de nuestro autor por circuitos casi clandestinos? ¿Por qué las teorizaciones del FRIP nos resultan tan opacas pese a su creatividad, más aún si consideramos que sus tesis centrales influyeron el accionar de una de las más importantes guerrillas de la década del ´1970? Nos permitiremos indicar al menos tres respuestas hipotéticas para orientar la lectura de quiénes se arrimen al descubrimiento de FRS y el FRIP.

  1. La construcción de un canon: peronización y culturización

Sostenemos que el emplazamiento de antiguos cuadros y dirigentes de la izquierda peronista en sitios clave de la gestión cultural e intelectual durante los sucesivos gobiernos kirchneristas, ha operado para habilitar la consagración de los escritores, artistas e intelectuales que durante las décadas del ´1960 y el ´1970 se movieron al amparo de las estructuras justicialistas o de otras afines, dando lugar a la constitución de un verdadero “canon” de izquierda peronista a través de figuras emblemáticas como las de Rodolfo Walsh, Francisco “Paco” Urondo, Ricardo Carpani y Juan Gelman, entre otros.

En un segundo escalafón han quedado relegadas otras figuras de igual jerarquía y más nítidamente vinculadas a la izquierda marxista, como las de Silvio Frondizi, Haroldo Conti, Jorge Ricardo Masetti, Roberto Santoro o Humberto “Cacho” Constantini, o incluso los hermanos Francisco René y Mario Roberto Santucho. Casi todos ellos pertenecieron al PRT, al Frente de Artistas y Trabajadores de la Cultura (FATRAC) o al Frente Anti-imperialista por el Socialismo (FAS). Quizás la excepción más notable a esta tendencia radique en la presencia insoslayable del documentalista Raymundo Gleyzer, marxista, “perro”, y animador del colectivo Cine de la Base.

Para constatar la asimetría de esta construcción canónica, basta echar una mirada a algunos de los más progresivos contenidos curriculares para la enseñanza media de los últimos años, o repasar algunas de las producciones de los canales estatales de televisión vinculadas a la radicalización política de las mencionadas décadas.

A la par, sostenemos que el recorte que implica la conformación de este canon, construido desde un período democrático y desde sujetos en función de gobierno, buscó tomar distancia de un período signado por la lucha armada y la violencia política, y por eso operó realzando figuras del campo de la cultura por sobre otras referencias más nítidamente políticas, o destacando las funciones específicamente culturales de intelectuales y dirigentes que se desempeñaron simultáneamente en múltiples campos. Así aparece subrayada la labor periodística de Rodolfo Walsh por sobre su función dirigencial o sus tareas dentro del Departamento de Informaciones e Inteligencia de Montoneros, o se reduce la multidimensionalidad de Francisco “Paco” Urondo a su rol de poeta.

expandimos esta tesis para hablar de la “presencia ausente” de los indigenistas en la Argentina, confinados, por sus indagaciones intelectuales, a la marginación simbólica respecto de los campos culturales y políticos en nuestro país. Víctimas de esta suerte de “maldición indigenista”, han sido, en nuestra opinión, autores como Rodolfo Kusch, Bernardo Canal Feijóo, Liborio Justo, Joaquín V. González y Juana Gorriti

  1. La “presencia ausente” de los indigenistas argentinos

Los autores Silvia Hirsch y Gastón Gordillo (2010), han caracterizado lo que llaman la “presencia ausente” de lo indígena en la Argentina. Fenómeno consistente en la activa invisibilización de las poblaciones originarias tras el genocidio imperfecto perpetrado por las campañas militares comandadas por Julio Argentino Roca y Benjamín Victorica a los territorios soberanos indígenas del Chaco, la Pampa y la Patagonia.

Sobre la política militar de tierra arrasada, se impuso la trilla de las operaciones culturales e ideológicas que extirparon a lo indígena de las nociones hegemónicas de la “argentinidad”. La exotización paternalista de los remanentes indígenas, su confinamiento territorial a los márgenes estatales, el “blanqueamiento ideológico” de los sujetos mestizados, la operación mistificadora de un supuesto “crisol de razas” machacado hasta hace pocos años en la enseñanza escolar y el aluvión inmigratorio confluyeron en esta clausura más o menos definitiva. Así, lo que en otros países se expresó como la disyuntiva inclusión subordinada-exclusión represiva de los pueblos indígenas, se radicalizó en estas latitudes entre las opciones de un genocidio implacable y la negación más palmaria de la realidad indígena.

Por nuestra parte, expandimos esta tesis para hablar de la “presencia ausente” de los indigenistas en la Argentina, confinados, por sus indagaciones intelectuales, a la marginación simbólica respecto de los campos culturales y políticos en nuestro país. Víctimas de esta suerte de “maldición indigenista”, han sido, en nuestra opinión, autores como Rodolfo Kusch, Bernardo Canal Feijóo, Liborio Justo, Joaquín V. González y Juana Gorriti (a quién se suma, presumiblemente, la negación debido a su condición sexo-genérica). Y, va de suyo, el autor que aquí nos convoca, dado que algunos temas prioritarios de la indagación de FRS a lo largo de toda su vida se vincularon a la cuestión indígena en la Argentina: su gravitación inocultable en el Noroeste Argentino en general y en Santiago del Estero en particular, la pervivencia de sus pautas culturales, económicas y políticas, la proletarización de campesinos e indígenas en los ingenios, y la estrecha ligazón de la problemática indígena con la cuestión federal.

FRS se interesó y escribió sobre un curioso acontecimiento del período colonial. Se trató del caso de Juan Balumba, indígena santiagueño procesado por vestirse “a la española”, hecho ocurrido en 1676 en el poblado de Savagasta. Los términos del sumario son de por sí elocuentes: “se ha vestido en traje de español con medias zapatos capa ungarina y espada queriéndose introducir a mestizo” (itálicas nuestras). El pecado de los indigenistas pareciera ser precisamente inverso, pero en lo esencial idéntico, al crimen de Juan Balumba: querer introducirse a indios, en un país en dónde ellos, presuntamente, no existen.

Este rabioso anti-indigenismo de las élites y de los sectores medios argentinos aparece estrechamente asociado a una visión centralista del país, ya que solo desde el centro de las grandes ciudades capitales, y desde las presuntas “zonas de colonización perfecta”, es posible intuir un país exclusivamente blanco, europeo y de clase media.

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Portada de “Shunko”, la novela de Jorge Ábalos

El objeto invisible contagia e invisibiliza a su investigador. La vindicación deslegitima las propias competencias intelectuales de quién parece hablar en el vacío. Y es precisamente un vacío, sin proceso ni sumario, lo que generan los circuitos intelectuales y políticos en torno a estos indigenistas que salpican con sus indagaciones discontinuas nuestra historia nacional. Incluso voces progresistas o de izquierda, reacias a aceptar la dimensión etno-racial de nuestros sistemas de desigualdad (en dónde las clases tienen color, y en particular algunas tienen “mal color” al decir de Bartolomé Hidalgo) corroboran en ocasiones esta maldición indigenista al presuponer, en este caso con remordimientos, la consumación perfecta del genocidio y, por tanto, la perfecta irrelevancia de la cuestión indígena para comprender la realidad social nacional. Nada más alejado de las intuiciones del intelectual del que nos ocupamos.

  1. El centralismo persistente de nuestro campo intelectual-cultural

Este rabioso anti-indigenismo de las élites y de los sectores medios argentinos aparece estrechamente asociado a una visión centralista del país, ya que solo desde el centro de las grandes ciudades capitales, y desde las presuntas “zonas de colonización perfecta”, es posible intuir un país exclusivamente blanco, europeo y de clase media. Tesis que está a tono con una fábula plurisecular que conecta desde el “Facundo” de Domingo Faustino Sarmiento hasta los entusiasmos de una Segunda Internacional Comunista que vio en la “blanca y pulcra” Argentina el terreno propicio para desarrollar una revolución comunista a la europea, con sustento prioritario en sus masas trabajadoras inmigrantes.

Este centralismo llevó aparejado la negación sistemática de la propuesta federalista rioplatense, iniciada con el líder oriental José Gervasio Artigas y continuada durante todo el siglo XIX por las montoneras federales, en una trayectoria que conduce desde las “Instrucciones para la asamblea del año XIII” y el “Reglamento provisorio” del artiguismo, hasta la proclama “¡Viva la unión americana!” del catamarqueño Felipe Varela. Pese al intento explícito de los historiadores-mistificadores Bartolomé Mitre y Vicente Fidel López por “enterrar históricamente” al artiguismo y a su programa, diversos intelectuales seguirán esa huella durante el siglo XX.

FRS, como actualizador de la corriente federalista argentina, y como enunciador provinciano de un discurso americanista, indigenista, marxista, santiagueñista y anti-porteño, quedó por fuera de las redes de circulación, legitimación y consagración intelectual que tienen su nodo central, hasta el día de hoy, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y en sus instituciones culturales y académicas.

Pensemos que Ricardo Rojas, un intelectual de renombre, también santiagueño e indigenista a su modo, debió, para escapar excepcionalmente de esta marginación, desarrollar su labor intelectual en la ciudad-puerto, valorizando su capital político como hijo dilecto de la oligarquía santiagueña y como mediador entre las élites provincianas y portuarias, amplificando desde allí su discurso y legitimando nacional y continentalmente su obra. Y aun así, son sus obras nacionalistas más que aquellas específicamente indigenistas, las que realzan hasta hoy su figura.

La trayectoria de FRS, pese a la similitud de sus indagaciones intelectuales, contrasta notablemente. Sin un sustancial capital político familiar que explotar, fijó su residencia permanentemente en su provincia natal (con la excepción de sus años de exilio) e insistió permanentemente en dinamizar desde allí un campo cultural local que se proyectara hacia todo el noroeste, evadiendo la mediación centrípeta de la Ciudad de Buenos Aires que el mismo describiera.

Creemos, en fin, que éstas claves de lectura permitirán un mejor abordaje de unas obras completas que han llegado en buena hora. Obras que permiten arrojar un haz de luz sobre una trayectoria que aún sigue parcialmente en penumbras, realzando la figura y las contribuciones teóricas de este intelectual y militante santiagueño.

Bibliografía

Gordillo, G.y Hirsch, S. M. (2010). “La presencia ausente: invisibilizaciones, políticas estatales y emergencias indígenas en la Argentina”. En Movilizaciones indígenas e identidades en disputa en la Argena, pp. 15-38. 1a ed. Buenos Aires: La Crujía. ISBN 978-987-601-118-1.

Picco, E. (2016). “Santucho vuelve”, Revista Crisis, 3/12/2016. http://www.revistacrisis.com.ar/notas/santucho-vuelve.

Santucho, F. R. (2016). Obras completas. 1a ed., Santiago del Estero: Barco Edita; Colectivo AlCarajo; Dimensión; INDES (FHCSyS); Umas. ISBN 978-987-9447-23-9.

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http://www.cecs-argentina.org/debates-urgentes-2/debates-urgentes-6/

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