Carta a los míos

Yo no sé si la patria es un trapo, o un terruño recortado de otros con tijeretazos arbitrarios, o un par de cuentos bien narrados, o ciertas gentes que se parecen más que a otras gentes también parecidas. Creo que la patria son los cuentos que la gente del terruño se cuenta a la sombra de un trapo. ¿Poquita cosa? A lo que me refiero es a que la patria es mucho más que ésta banderita de hule que tengo al lado, pero también es la banderita. A que el himno no es de quién lo escribe, sino de quién lo canta con la voz en cuello y se ataja el corazón con las manos. Porque estoy lejos del sur y no puedo reunir hoy conmigo todas mis nociones de patria, pero puedo tener esta torpe banderita, hablar con Diana y la familia y todos los que bancan, atronar al vecindario con la Negra o con Don Ata. A lo que me refiero es a que siempre la soledad fue un precio demasiado caro a pagar por la libertad malentendida. Yo no lo pago. Elijo esta comunidad chueca e injusta a mi condición de huraño autogobernado. La quiero justa, claro, y la reconozco primero para poder enderezarla. ¡Ey, ustedes, los de allá lejos, los de la grey lejana! No son libres, ¡están solos!

En estas fechas patrias, de comunidades tentativas, hasta aquí me llega el olor a asado o al menos el del choripan y los menudos; la fragua del mundo en que se fríen las tortafritas; el entrechocar de las jarras de vino que deja tintos los labios que se entintan se vuelta cuando se besan borrachos; la risa de los niños que poco entienden, pero que en la bruta sabiduría de su inocencia, piensan que la patria es ni más ni menos que un gran feriado. ¿Que será de mí el día que deje de hervirme adentro la alegría desaforada de los otros? No valdré ni un patacón, eso es seguro.

Yo quisiera hoy pedir algunos deseos y mañana salir a empujarlos, porque al fin y al cabo estamos de cumpleaños, y mi procesión, que debería ir por dentro, se me sale afuera de pura nostalgia. Quisiera yo que nunca vuelvan a mi patria los virreyes, y que le cortemos la cabeza a los que se quedaron. Yo quisiera que vigilemos con dos ojos a los Saavedras, porque siempre esconde un puñal el trapo plegado. Yo quisiera que no la paguen siempre las Juanas, los Artigas, los Cabrales. Que la patria sea para los de buen y mal color, esos que no necesitan frotarse corcho quemado. Que sea para los que mucho antes que nosotros (y están aquí entre nosotros y somos nosotros) ya otearon este azul surero, este blanco de puna, este solazo cuyano. Que sea para los de mal olor, que mientras hacen la historia la hieden, porque la de albañil es una labor sudorosa y polvorienta, e igual de digna vestidos de frac que con los pantalones bajos. Que se comparta el pan de cada día, el reviro, el bizcochito de grasa, el chipá y la empanada, porque de harina y no de barro fue amasado este pueblo atado al sur del mundo. Pero que también se repartan puntualmente los mucho más esquivos panes del alma, los que no engordan, pero sacian. Y que nunca se le niegue a un paisano un mate, un consejo, y una partida de truco o de canasta. Y que suenen aquí todas las músicas extranjeras, pero que nunca falte el candombe, el gualambao, la chacarera, la milonga y la vidala.

Deseo que mi patria se siente de nuevo en la común mesa americana, sin hacer caso a las vinchucas que predican la desunión y el librecambio desde las junturas sucias de la casa. Y que primero que nada sea vindicado el vecino cascoteado, porque serviremos la mesa, no una tabula rasa. Que mi patria no sea ni cabeza de ratón ni cola de león, ni nos solacemos tuertos o estúpidos entre la ceguera generalizada. Que reine la concordia en estas tierras, y que más que murallas, nos religuen los grandes ríos que corren aguas abajo. El león, claro, también tendrá su lugar en la mesa: atado a sus patas. Y aún así comerá lo que todos. Desearía que el lienzo le tape los ojos a los que bajo este pabellón comercian desde hace dos siglos, más no aman.

Volveremos, por tercera o cuarta vez, a acariciar el cielo azul-celeste, aunque el sol del inca nos queme las manos, aunque una generación deba quedarse ciega para que mañana el sol entibie parejo. Ésta vez será con todo mundo. Ésta vez será para todo mundo. Ésta vez será sin los que siguen siendo incorregibles, rasgan las velas y perforan desde adentro el barco. Por la segunda independencia, por la libertad sin soledad, por la comunidad de albañiles, por la patria que espera.

Salud gran pueblo argentino, salud afectos míos. Me tuve que ir para estar llegando.  Aún en el sur, pero no tanto, los abrazo.

Montrouis, 25 de Mayo de 2019

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