I. Mantra: un recurso retórico muy repetido
El título del artículo de Rivara se pregunta: «¿Es autoritaria la multipolaridad?». Esta pregunta es en sí misma una tergiversación de mi propio argumento. Mi artículo no afirma que la multipolaridad (o la unipolaridad) sean equivalentes al autoritarismo, sino que nos invita a dejar de ver las relaciones internacionales como una contienda geopolítica entre unipolaridad y multipolaridad.
El título de mi artículo se refiere a cómo la «multipolaridad» se ha convertido hoy en un mantra ―un recurso retórico― utilizado por las fuerzas políticas antidemocráticas para afirmar que un orden mundial sin democracia es un orden mundial verdaderamente democrático.
II. Detectar las diferencias
¿Concibe Rivara la multipolaridad de un modo que desafíe las concepciones autoritarias de la multipolaridad? Para encontrar una respuesta, coloqué estas dos concepciones una al lado de la otra para «detectar las diferencias».
i) Diversidad
Sostiene Rivara: “La multipolaridad es una forma, que ni añade ni sustrae per se valores democráticos ni de ninguna otra índole. Y es, de hecho, una forma definida por su heterogeneidad”. La multipolaridad, afirma, es simplemente “un punto de diversificación”, por lo que puede coincidir con diversos procesos dede “afirmación y reafirmación nacional”, tanto “progresivos como reacionarios”.
Putin, Xi Jinping y otros defensores de la multipolaridad no la definen como autoritarismo. De hecho, ellos también la definen simplemente como un espacio para la «diversidad cultural, social, política y civilizatoria« Las élites occidentales, afirman, pretenden borrar esta diversidad imponiendo su propio «estilo occidental de democracia liberal” a todas las demás naciones. De esta manera,»la democracia real en un mundo multipolar consiste principalmente en la capacidad de cualquier nación, cualquier sociedad o cualquier civilización para seguir su propio camino y organizar su propio sistema sociopolítico».
ii) Afirmación nacional
Rivara afirma que la multipolaridad no promueve valores democráticos ni antidemocráticos: simplemente permite que diversas naciones persigan “diversas formas de afirmación y reafirmación nacional», que podrían ser «progresistas o reaccionarias».
También Putin define la multipolaridad como la creación de un espacio para que diversas naciones organicen la sociedad y la política en formas que afirmen sus respectivas tradiciones «nacionales y civilizatorias». En mi artículo cito a otros ideólogos y líderes mundiales que así definen la multipolaridad.
iii) Valores
Putin dice que los valores democráticos son en realidad «valores neoliberales»; y afirma que tratar los valores democráticos como «universales» borra diversos valores tradicionales.
Rivara define un orden mundial multipolar como aquel que no distingue entre valores democráticos y valores antidemocráticos. Según él, “practicar, abogar y beneficiarse de la multipolaridad no excluye adoptar posiciones diferentes y hasta contradictorias en materia de política doméstica e internacional.”
Asumamos por el momento que la premisa de Rivara es cierta: la multipolaridad no es más que una realidad, ni moral ni inmoral, con la que los gobiernos son libres de formar alianzas económicamente beneficiosas unos con otros. Un gobierno que pretenda ser democrático en casa, no se enfrentará a ninguna pregunta sobre su inconsistencia ética si forma alianzas internacionales con regímenes que cometen crímenes contra la humanidad. Esto se debe a que las reglas del “Gran Juego” multipolar no suman ni restan puntos a los jugadores que invaden países; masacran civiles; intentan golpes de Estado; persiguen minorías o las convierten en apátridas; permiten y protegen la brutalidad policial y los prejuicios raciales sistémicos; reprimen violentamente el periodismo, la oposición política y las protestas ciudadanas, etcétera. (En defensa de este razonamiento, puedo añadir que Estados Unidos y Occidente han escapado al castigo por los terribles crímenes internacionales cometidos durante siglos, y siguen cultivando alianzas internacionales con déspotas crueles, políticas que contradicen sus posturas democráticas. La multipolaridad sólo significa que Occidente no tendrá el monopolio de ese comportamiento).
La pregunta es: ¿por qué deberían los marxistas, o cualquier fuerza política progresista, dar la bienvenida a tal realidad? ¿Desde cuándo creemos que los marxistas deben excluir los factores políticos e ideológicos en su evaluación de las alianzas internacionales, y juzgarlas basándose únicamente en factores económicos y estratégicos? Siempre han sido los marxistas los que ven y analizan los factores económicos, estratégicos, políticos e ideológicos como un todo, en contraste con el intento cínico y mentiroso de los realistas de pretender que lo político e ideológico, y lo económico y estratégico, son totalmente inocentes entre sí.
Rivara afirma que, en la realidad multipolar en desarrollo, la política domśtica de los aliados multipolares puede contradecir su política internacional. Pero parece indiferente a una realidad que nos mira a todos a la cara: el hecho de que las fuerzas políticas y los regímenes que son antidemocráticos a lo interno, se están uniendo (o al menos cooperando discreta y tácitamente) para lograr una nueva normalidad, en la que el orden mundial estará libre incluso del reconocimiento formal de valores y normas democráticas compartidas. Hoy en día, los países poderosos y aquellos países a los que protegen, cruzan la «línea de la democracia» una y otra vez sin demasiadas consecuencias. Pero si el proyecto antidemocrático que se está llevando a cabo bajo el signo de la «multipolaridad» tiene éxito, no habrá línea alguna. ¿Qué significará el borramiento de esa línea para los pueblos de todos los países del mundo, que luchan por una vida mejor y por una sociedad más democrática? (Más información en la sección III).
iv) Propuesta civilizatoria
Rivara dice que “no hay detrás del BRICS, la RCEP, la Iniciativa de la Franja y de la Ruta, ni de ningún otro bloque o asociación equivalente, una propuesta civilizatoria comparable a la occidental
Putin declara que Rusia no pretende «convertirse en un nuevo hegemón”, sino que defiende la diversidad, a diferencia de las «élites occidentales» que tratan de imponer su modelo civilizatorio al resto del mundo. En la política de Putin (compartida por muchos otros líderes antidemocráticos), la propia democracia no es más que una «propuesta civilizatoria» occidental que debe ser rechazada y derrocada.
El hecho es que la Rusia de Putin, la China de Xi Jinping, la India de Modi (tres miembros del BRICS), así como Trump en Norteamérica, comparten de hecho un proyecto ideológico y hegemónico. Ellos (y muchos otros) ofrecen de hecho una «propuesta civilizatoria», la visión de un nuevo orden mundial. Y el «orden mundial multipolar» que proponen es explícitamente un orden en el que no existen principios y reglas democráticas universalmente aceptados. En el que la democracia es sólo una de las diversas formas de gobierno aceptables, al mismo nivel que las autoritarias, fascistas, imperialistas y genocidas. Donde se dice que la democracia representa valores específicos de «las élites occidentales», mientras que ellos representarían a la mayoría de los pueblos del mundo.
Las potencias occidentales tienen un vergonzoso historial de equiparación de la democracia con la supuesta superioridad civilizatoria de Occidente, y de justificación de la violencia imperialista como noble intento de salvaguardar la democracia. Pero la democracia no pertenece sólo a las potencias dominantes; es algo por lo que la gente sigue luchando, más allá de las divisiones jerárquicas entre Occidente y el resto del mundi. (Más sobre esto en la sección III).
III. ¿Quién necesita normas democráticas «universales»?
Rivara (como mis antiguos camaradas y otros miembros de la izquierda india) dice que la multipolaridad en sí misma es una base más democrática que la unipolaridad para un orden mundial, razón por la cual los países del Sur Global prefieren la primera. ¿Se beneficiarán realmente los movimientos democráticos si el tipo de mundo multipolar por el que abogan tanto la izquierda como la derecha se convierte en una auténtica realidad?
Hay un movimiento democrático que ya puede responder negativamente a esta pregunta. Discurso tras discurso, Putin deshumaniza a las personas LGBTQ. Para las personas LGBTQ que quieran ver respetados sus derechos universales, los gobiernos nacionales que no protejan estos derechos estarán violando las leyes internacionales que protegen los derechos humanos y prohíben la discriminación. Putin afirma que Rusia, al igual que la mayoría de la población mundial, incluida la mayoría de los países occidentales, rechaza este tipo de leyes. Afirma que las «élites occidentales» son libres de permitir desfiles homosexuales y otras «perversiones que conducen a la degradación y la extinción». Pero el hecho de que tales prácticas satánicas e impías gocen de protección «universal», dice Putin, es el resultado de un orden mundial unipolar en el que un puñado de élites occidentales imponen a la mayoría sus propios valores «neoliberales». Un orden mundial multipolar, dice, respetará la «soberanía» y la «libertad» de los regímenes para perseguir a las personas LGBTQ de acuerdo con sus respectivos valores «civilizatorios”.
Rivara dice que he ofrecido meras invectivas en lugar de una definición teórica de conceptos como «autoritarismo» y «tiranía». Es cierto que no ofrezco una definición de estos términos, ni del concepto de «dictadura», «democracia», «derechos» y «libertad». He utilizado estos términos en el mismo sentido ampliamente universal en que los utilizan los movimientos populares de todo el mundo.
Cuando las mujeres de Irán dicen «Mujer, vida, libertad«, «muerte a la dictadura» y «¡Ni monarquía ni líder supremo! Democracia, igualdad!», las entienden perfectamente las mujeres que exigen «libertad sin miedo» en la India y las mujeres de Argentina que declaran: «¡Vivas, libres e independientes nos queremos!». En 2022, las personas que protestaban contra las draconianas políticas chinas de Covid-cero enarbolaron consignas que decían: «Queremos valores universales», «queremos libertad, igualdad, democracia, estado de derecho», «no queremos dictadura».
En India, las protestas contra las discriminatorias leyes de ciudadanía del gobierno de Modi, declararon su intención de proteger la Constitución india y sus valores de democracia e igualdad ciudadana.
Cada uno de estos movimientos del Sur global está extrayendo su fuerza moral de los principios universalistas de la democracia, para enfrentarse a los regímenes que declaran que estos son principios «extraños y occidentalizados«, dándose a sí mismos el estatus de universales. Calificando los principios universales de la democracia como una imposición imperialista y occidental, estos regímenes definen las normas mayoritarias y culturalmente relativistas como verdadera democracia.
Notablemente, no solo los regímenes del Sur Global rechazan los principios universalistas de la democracia. Donald Trump, cuando era presidente de los Estados Unidos, definió la democracia como “mayoritarismo” y rechazó el universalismo, así como un orden internacional basado en reglas. Declaró que «nunca cedería la soberanía de Estados Unidos a una burocracia mundial no elegida y que no rinde cuentas«, y pidió a las «naciones responsables» de todo el mundo que «se defiendan contra las amenazas a la soberanía» de esa misma burocracia.
Lo que Rivara parece olvidar es que los gobiernos que dicen representar al «Sur Global» están muy a menudo en desacuerdo con los diversos pueblos de estas naciones. Los líderes autoritarios del Sur, al igual que sus homólogos del Norte, atacan los valores universales y conciben al fanatismo como patriotismo y al “mayoritarismo” como auténtica democracia.
Pero las minorías y queienes protestan contra estos regímenes, en ambos hemisferios, abrazan los valores universalistas como herencia de las luchas de sus predecesores. Y el proyecto político de la «multipolaridad», tanto en el Norte como en el Sur, pretende desacreditar y desmantelar los estándares universalistas de la democracia. Y si lo consigue, será un duro golpe para las personas que luchan por la democracia).
IV. Marx sobre la «realidad”
Rivara define la «multipolaridad» como una «realidad» en la que las naciones forman alianzas basadas en intereses económicos y comerciales compartidos, libres de contenido ideológico o político, independientemente de la formación política que esté en el poder. Yo sostengo que esta definición es realista y ajena al marxismo, un argumento que Rivara califica de «discutible».
Podríamos recordar ese conocido pasaje de El Capital (Volumen I, capítulo seis) en el que Marx nos muestra la «realidad» superficial en la que el comprador y el vendedor de la fuerza de trabajo parecen intercambiar mercancías iguales, viéndose su transacción afectada únicamente por el «egoísmo, la ganancia y los intereses privados de cada uno». Marx nos lleva entonces a la “morada oculta de la producción», en donde la apariencia superficial de una transacción comercial entre individuos libres e iguales se revela falsa, el capitalista tiene todo el poder y el trabajador ninguno.
Del mismo modo, las relaciones de las naciones entre sí puede parecer, en apariencia, una «realidad» simplemente objetiva, basada en los «intereses privados» objetivos de cada una. Esta apariencia superficial es engañosa. El carácter político de las formaciones gobernantes y de los líderes decide qué intereses económicos, sociales y políticos serán tratados como «objetivos». Desde luego, no es marxismo sostener que las alianzas internacionales que incluyen o están dirigidas por regímenes autoritarios son de naturaleza puramente comercial, ideológica y políticamente «neutrales» y que, por tanto, no favorecen ni a la democracia ni al autoritarismo.
IV. El rescate de Engels
Rivara cita la carta de Engels a Kautsky señalando que «un movimiento internacional del proletariado sólo es posible entre naciones independientes […] hay dos naciones en Europa que no sólo tienen el derecho, sino también el deber de ser nacionales antes de ser internacionales, Irlanda y Polonia.»
Dice que el punto de vista de Engels es «exactamente lo contrario» de mi consejo a mis camaradas indios: es decir, mi opinión de que traicionan el internacionalismo socialista cuando se equivocan en no apoyar la victoria de Ucrania contra una invasión fascista rusa, con el pretexto de que al hacerlo restan valor a la «prioridad nacional» de resistir a un régimen fascista en la India.
De hecho, el consejo de Engels a sus camaradas tiene exactamente el mismo espíritu que mi consejo a mis camaradas. La interpretación que hace Rivera de Engels es exactamente la contrario de los consejos dados por Engels.
a) Engels explica que los proletarios polacos sólo pueden unirse al movimiento por la revolución socialista internacional como ciudadanos de una nación polaca independiente, libre del imperialismo ruso. Engels está diciendo a los socialistas de naciones independientes que, para ser internacionalistas revolucionarios, ellos también deben apoyar la lucha polaca por un Estado independiente.
Engels no está diciendo a los socialistas polacos que subordinen el internacionalismo socialista a la prioridad nacional de la independencia polaca. Para Marx y Engels, ser socialista es ser internacionalista: y está claro que Engels no está aconsejando al proletariado polaco que renuncie al socialismo. Por el contrario, su consejo es que la mejor manera en que pueden servir a la revolución socialista internacional, es prestando la atención más urgente a la lucha por la liberación polaca. En consecuencia, está diciendo a los socialistas de fuera de Polonia que el movimiento socialista internacional debe, en su propio interés, apoyar la lucha de Polonia por la liberación nacional.
El consejo de Engels a los socialistas fue apoyar la lucha del siglo XIX por una Polonia independiente libre del imperio ruso. Hoy, en el espíritu de ese consejo, los socialistas deberían apoyar la lucha de Ucrania para defenderse del intento de Putin de recrear un imperio ruso.
b) Rivara dice que «la existencia de las naciones del Sur Global no está garantizada”, y por lo tanto los socialistas de estas naciones que aplican el consejo de Engels al mundo de hoy, están justificados en perseguir su respectiva «prioridad nacional» a expensas de la solidaridad internacionalista con Ucrania.
Pero en realidad es la existencia de Ucraniala que está en peligro inmediato, al contrario de la mayoría de las naciones del Sur Global. Putin declara repetidamente que Ucrania no existe. Los representantes de Putin en la Ucrania ocupada dicen abiertamente que como Ucrania no existe, los ucranianos no pueden existir. Los ucranianos pueden dejar de existir aprendiendo a reconocer su verdadera “rusidad”. Los que no lo hagan, deben ser eliminados.
Además, los socialistas de las naciones cuya existencia está amenazada por el imperialismo deberían apoyarse mutuamente, en lugar de argumentar que su propia lucha de liberación nacional les obliga a negar la solidaridad internacionalista a otras luchas de liberación nacional.
c) La carta de Engels señala que las reivindicaciones panslavistas, en la ideología imperialista rusa del siglo XIX «es una cortina de humo para el dominio del mundo». El panslavismo ha resurgido como elemento destacado en la retórica genocida de Putin que niega la existencia de Ucrania. Rivara cuestiona mi postura de que el proyecto de Putin de integración euroasiática tiene un carácter ideológica y políticamente antidemocrático. De hecho, la articulación de Putin del imperialismo «civilizatorio» ruso combina las concepciones aparentemente contradictorias del panslavismo y el eurasianismo.
Debo añadir aquí que soy consciente de que Marx y Engels, al apoyar la liberación polaca de Rusia, acabaron compartiendo la negación prejuiciosa de la existencia de Ucrania por parte de la clase terrateniente polaca. Pero eso importa poco para mi argumento, ya que no siento ninguna necesidad de reclamar las bendiciones póstumas de Engels para la solidaridad con Ucrania. Hablo aquí de esta carta sólo porque me siento obligado a rescatar a Engels de la interpretación gravemente errónea de Rivara.
Permítanme terminar expresando la sensación de alarma que siento cuando tengo que gastar miles de palabras para persuadir a los socialistas de que defiendan sin ambages las luchas contra la injusticia. Es extraño y triste que tantos socialistas discutan sobre el significado académico de «democracia», «derechos», «libertad», «tiranía», «autoritarismo» y «fascismo», incluso cuando los movimientos democráticos entienden y defienden sin esfuerzo estos principios en todos los idiomas del mundo, contra tiranos que también entienden y atacan sin esfuerzo esos principios.
NOTA: El presente texto fue escrito y remitido por Kavita Krishnan el 28 de mayo de 2023, cinco semanas después de publicada la primera réplica. El texto original en español puede verse aquí, y la respuesta en español aquí. Agradecemos a la autora su artículo y prometemos, en breve, continuar la polémica.








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