Una hipótesis justifica esta entrevista: la idea de que República Dominicana ha quedado en penumbras en lo que refiere al estudio de las extremas derechas emergentes en América Latina y el Caribe, estudio concentrado en general ya sea en las derechas gubernamentales o bien en países de mayor gravitación internacional. Y otra hipótesis le resulta correlativa: creemos que pocos países han virado tan drásticamente a la derecha, en un período tan corto de tiempo, en lo que refiere a sentidos comunes, orientaciones gubernamentales y políticas de Estado, principalmente en algunos temas como género o migraciones. Para desandar ambas hipótesis, conversamos con la investigadora y docente dominicana Tahira Vargas, quien es Doctora en Antropología Social y ha realizado diferentes estudios cualitativos y etnográficos en países como la propia República Dominicana, México, Cuba y varias naciones africanas.
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— ¿Cómo y dónde ubicar a República Dominicana en el mapa regional de las extremas derechas? ¿Cuáles son las semejanzas y diferencias que podemos encontrar entre éstas y otras expresiones análogas de diferentes países? ¿Desde qué matriz histórica, cultural e ideológica surge y crece la ultraderecha local?
La historia es muy importante para poder entender la coyuntura actual de la República Dominicana. Históricamente el país tuvo un predominio de la derecha y del conservadurismo, a pesar de que en el siglo XIX se dieron los gobiernos de un partido liberal, el Partido Azul, en donde revistaba Gregorio Luperón, o a que podamos encontrar entonces a una figura como Pedro Francisco Bonó, uno de los representantes del pensamiento liberal en el país. También Juan Pablo Duarte, cuando forma La Trinitaria, viene de Francia con elementos de un ideario liberal.
A pesar de ello, la disputa de poder entre grupos liberales y conservadores, que se dio desde incluso antes de la Independencia, se saldó en favor de estos últimos. El dominio conservador santanista y baezista se instaló en el país con elementos muy definidos de una mirada hispanista y eurocentrista, que suponía la primacía de esas clases sociales dominantes que tendían la mirada precisamente hacia Europa.
— Pareciera que los vestigios de esa mirada hispanista y eurocentrada son visibles aún hoy, por ejemplo en la zona colonial de Santo Domingo, o al ver la canonización estatal que se hizo de figuras históricas tan controversiales como Diego Colón o Nicolás de Ovando, ¿no?
Exactamente. De hecho, en la misma zona colonial se dieron varios episodios de matanzas de esclavos, de “ajusticiamientos” de indígenas. En el mismo Parque Colón se decapitó a Anacaona después de la matanza de Xaragua. Aunque la instalación de estas élites dominantes se da mucho antes, éstas se consolidan en el siglo XIX. Incluso dentro del Partido Azul hay un personaje que se inclina hacia el autoritarismo que es Lilis, Ulises Heraux. De ahí en adelante todas las luchas entre diferentes facciones estarán marcadas por este autoritarismo.
La [primera] intervención norteamericana [entre 1916 y 1924] refuerza este mismo proceso, y termina por instalar a una figura central para su dominio que fue [Rafael Leónidas] Trujillo, antiguo miembro de la Guardia Nacional, el cuerpo de seguridad encargado de preservar los intereses de los Estados Unidos. Hay escritoras de la diáspora muy importantes que destacan que el antihaitianismo en la República Dominicana fue fortalecido por la misma intervención, porque hasta ese momento había entre los dos países un flujo comercial normal y relaciones de apoyo. Estos vínculos fueron negados a posteriori, estableciendo una visión de la historia totalmente distorsionada por el aparato ideológico de Trujillo primero y de [Joaquín] Balaguer después.
— ¿Tuvo esto algo que ver con generar las condiciones de posibilidad para que Haití ofreciera la mano de obra barata que según los estadounidenses debía trabajar en las fértiles tierras dominicanas?
Así es. Primero lograron establecer el terror en la población: eso fue la Masacre del 37. Y luego hicieron un acuerdo con [François] Duvalier para traer mano de obra para la zafra azucarera. El miedo siempre fue útil al establecimiento de prácticas esclavistas y neoesclavistas. La mano de obra, atemorizada, no puede protestar, no puede reclamar sus derechos, y debe permanecer en situaciones de dominación. Pero también se generó una división respecto de la población dominicana y un rechazo al migrante haitiano. Esto se fue consolidando también a nivel histórico, al resaltar la conmemoración de la independencia como una lucha contra Haití, y al no destacar otros acontecimientos tan importantes como la Guerra de Restauración. El enemigo histórico sería así el país vecino, y no las potencias coloniales invasoras.
— Entonces, recapitulando, ¿esa matriz dominante de la que nacen las extremas derechas contemporáneas se define, en tu opinión, por el elemento conservador y por el elemento autoritario?
Efectivamente. Y añadiría también el rol importantísimo jugado por la Iglesia Católica. Y no sólo por ella, sino también por las confesiones protestantes. Pero fue la institución católica la que jugó un rol primordial al bendecir todos estos procesos. La Iglesia siempre se mantuvo al lado del poder, utilizando la manipulación ideológica en favor de esas estructuras conservadoras, y en favor de una visión dominante no sólo definida por la cuestión racial, sino también por la dimensión de clase. Pero también por el fortalecimiento del patriarcado, de un sistema ideológico basado en elementos como la familia nuclear y el matrimonio. Elementos en conflicto con una cultura popular ajena a estos mandatos, en donde es muy común encontrar familias matriarcales, liderazgos femeninos muy fuertes, y en donde existe una religiosidad popular afrodescendiente muy extendida, vinculada a esos mismos liderazgos, tanto de mujeres como de varones de las clases populares.
— ¿Podríamos definir este conflicto entre lo que es y el deber ser en términos de una doble moral? ¿Cómo se compatibiliza esa tolerancia social con el discurso y la práctica autoritaria e intolerante del Estado?
Lo que sucede es que aquí conviven dos sociedades de forma paralela, que es un fenómeno que he visto por todos lados y he destacado en varios estudios. Los sectores populares, los grupos más empobrecidos, tienen una vida cultural, una forma de convivencia y unas creencias y prácticas mágico-religiosas muy apegadas a las matrices afrodescendientes y afrocaribeñas. Esto es evidente en elementos como la lógica matriarcal, la religiosidad popular, el vudú dominicano, las prácticas alimenticias o las formas de sociabilidad y organización social; elementos total y constitutivamente afrocaribeños.
Por supuesto debemos destacar que en todos estos sectores hay luchas de poder. Así, las religiones protestantes han logrado calar en estos sectores populares y se han aprovechado de la importancia de las mujeres para la movilización social, convocándolas y dándoles el rol de pastoras. Incluso una pastora evangélica puede ejercer prácticas mágico-religiosas de manera pararela a su rol como lideresa de una iglesia cristiana.
— Lo que decís es fascinante en tanto permite controvertir las distinciones radicales que las élites del país insisten en señalar entre la población haitiana y la dominicana. Mucho de lo que señalás aplica también, a la perfección, al otro lado de la frontera. En relación a esta cuestión, ¿qué tan autónomas respecto del Estado son estas formas de vida social y comunitaria?
Esto se explica por muchos motivos. En primer lugar porque la convivencia entre la población haitiana y la dominicana es muy estrecha y de larga data. ¿Cuántos dominicanos no provienen de estas mismas raíces? Todos tenemos en nuestra familia algún haitiano, enclavado ahí en medio de nuestra genealogía. Yo lo tengo, por supuesto, y conozco a una enorme cantidad de personas que también lo tienen. Esa historia es parte de nuestra propia historia. Por eso encuentras las mismas prácticas y creencias, incluso en las clases medias, por ejemplo en las expresiones musicales. ¿Que están escuchando los jóvenes dominicanos hoy? Pues el dembow. ¿Y de dónde viene, rítmicamente, el dembow? El predominio del ritmo, de la percusión, se relaciona precisamente con esa común raíz afrocaribeña. Esto ha generado una poderosa reacción, que asegura que esas expresiones culturales no existen, o que son haitianas, que no son dominicanas, que no tienen nada que ver con nosotras y nosotros.
— Y lo podríamos vincular también con las falsificaciones históricas que mencionabas antes. Incluso llegando al ridículo, en algunos políticos, comunicadores o formadores de opinión, que afirman que en República Dominicana no hubo esclavitud, trata negrera o plantaciones, o que si las hubo su impacto en la formación social dominicana es absolutamente marginal y despreciable. Al respecto, quisiera preguntarte por cifras que suelen ofrecer las derechas locales, que aseguran que la población afrodescendiente del país no superaría el 12 o 15 por ciento. ¿De dónde sacan esos números?
Desde ya, la esclavitud aquí fue fuertísima. Además hay que reponer el lugar de una isla que alberga a dos naciones, y todo lo que pasó entre ellas en términos históricos. Pero nuestra historia ha sido tan distorsionada que uno comienza a aprenderla recién después de dejar la escuela o la universidad. Respecto a esas cifras, no se de donde las sacan. De hecho un estudio reciente de ADN mitocondrial estableció porcentaje superiores al 70 por ciento [de genética afrodescendiente].
— Mencionaste el trujillato y los gobiernos de Balaguer como momentos clave, en algún sentido hasta refundacionales de la mismísima dominicanidad. Y sin embargo, señalaste que debemos buscar el origen de estas matrices derechistas, de muchos de estos fenómenos más atrás, en el siglo XIX, por lo menos en lo que refiere a la definición de una identidad nacional, al racismo endógeno y al antihaitianismo…
Claro que hay que buscar el origen ahí. Aunque el nivel de racismo de Trujillo fue superlativo, y aunque tuvimos presidentes negros y de origen haitiano como Ulises Heraux y Gregorio Luperón, esto no significa que no fuera en el siglo XIX cuando se establecieron los pilares fundamentales del conservadurismo dominicano. Por ejemplo, la figura de Pedro Santana fue muy importante. Hasta tal punto que Balaguer lo rescata como figura y manda llevar sus restos al Panteón Nacional, como héroe patrio. Lo curioso es que Santana era de Haití; había nacido en Hinche, del otro lado de la frontera. Es una figura muy controversial. O pensemos en el caso del propio Trujillo, cuya abuela materna era haitiana. De hecho, su apellido completo era Trujillo Molina Chevalier.
— En la línea de lo que mencionabas antes, esta canonización de Santana debe estar vinculada a la operación historiográfica que busca hacer de Haití el enemigo existencial de la República Dominicana, descentrando a la propia Guerra de Restauración como hito fundante, ¿no?
Exactamente. La Restauración no existió en apariencia. Pedro Santana irrumpe como héroe porque fue protagonista de la independencia. Así también Duarte es blanqueado, se descarta a [Francisco del Rosario] Sánchez, que era negro, y también a María Trinidad Sánchez. Esto es clave para entender lo que sucedió después. En el siglo XIX se estableció un tipo de dominación que fue reforzada por la hispanidad como identidad refractaria a la negritud y la afrodescendencia. En este planteamiento no hubo, hasta hoy, ningún tipo de rupturas. En el hilo histórico de la sociedad dominicana, así como en la historia de nuestro conservadurismo, no hay casi interrupciones, más allá de las elecciones o los procedimientos formalmente democráticos. Pudo darse algún tipo de ruptura de estas narrativas cuando [José Francisco] Peña Gómez ganó las elecciones y se las arrebataron. Para que se entienda la importancia que tiene aquí el factor mágico-religioso, una de las campañas de desprestigio más fuertes contra Peña Gómez se fundamentó en que había incurrido en “prácticas de brujería”.
— Y fue linchado mediáticamente por eso… Curioso en una figura que pese a su popularidad y afrodescendencia no dejaba de ser un miembro cabal de la clase política, y un socialdemócrata en términos ideológicos…
Ya ves la importancia que este asunto tiene para su sistema de dominación. Peña Gómez tenía una relación muy fuerte con los sectores populares, asentada en un carisma tremendo. Su funeral fue una cosa apoteósica, con multitudes populares llorando su muerte.
— Entrando de lleno en el aporte específico del ciclo abierto con Trujillo, y también con Balaguer como intelectual de fuste del trujillato y luego como presidente… ¿Qué aportaron estas figuras a la definición o a la profundización de lo nacional definido como antihaitiano?
Muchísimo. Definitivamente Balaguer fue muy importante para este sistema de dominación. Veamos el hecho de que el balaguerismo sucede a la muerte del propio Balaguer. Y que su partido, sin ninguna política de masas, sigue siendo un partido con mucha incidencia en todas las estructuras de poder. O veamos lo que pasó con el PRD, que se niega a sí mismo y se convierte en un partido totalmente opuesto a sus ideas fundacionales, para finalmente aliarse con los grupos balagueristas. El PRD se permite coquetear con gente que se supone que viene de la izquierda, que son progresistas.
— Hablando de esas contradicciones, o de estas aporías históricas, me sorprendió ver las estaciones del metro de Santo Domingo. El hecho de que éstas tengan el nombre de Balaguer y también el de algunas de sus víctimas más resonadas parece algo difícil de asimilar…
Pero sucede también con María Trinidad Sánchez y su victimario Pedro Santana. O también con otros que Santana mandó fusilar, como [Antonio] Duvergé. Así, se instala una lógica por la cual te asesino pero te alabo, te reivindico y te asesino. Al final parece no haber ya opuestos, ni enfrentamientos, y todo se convierte en una justificación para llegar al poder, difuminando por completo la ideología o las diferencias entre los partidos.
— Acercándonos ahora un poco más a la actualidad, me parece que sobrevuela en tu descripción la idea de una especie de postrujillato o posbalaguerato eterno. Como una transición democrática que no habría sido tal en sentido estricto, o que al menos se habría operado sin rupturas, como mencionabas antes.
No, no hubo tal ruptura. Ni en lo ideológico, ni en lo que concierne al conservadurismo o el autoritarismo. Aún con los mecanismos de toma de decisiones, con las elecciones, con la democracia, los espacios de participación siguen estando clausurados. Los mecanismos estatales siguen siendo totalmente autoritarios, y esto se perpetuó tanto con el PRD como con el PLD. Ha sido un sistema represivo, policivo, repleto de corrupción, con estructuras de poder mafiosas. El Estado no se abre a la participación de la sociedad dominicana; todo se define de manera vertical y el presidente siempre funge como una suerte de poder absoluto.
— Comenzaste describiendo las características de una sociabilidad comunitaria con su propia lógica y su propia historicidad, y oponiéndola a las dinámicas de un Estado autoritario. ¿Como evolucionó esa relación conflictiva en el presente siglo? ¿Logró esa matriz conservadora colonizar nuevos espacios? ¿Estamos en presencia de algún tipo de proceso de derechización? De ser así, ¿éste se está dando sólo a nivel del Estado o también a nivel social?
Si, el giro también es social, pero hay una correlación entre ambos niveles, mediada por los aparatos ideológicos y los medios de comunicación. Por dar un ejemplo muy pequeño pero ilustrativo, hasta hace algunas décadas los servidores públicos podían trabajar en el Estado o en un hospital público vestidos de manera diversa y semiformal. Pero a partir de 1996 se establece un rígido código de vestimenta que impide por ejemplo ir a una oficina pública con ropa sin mangas. En las escuelas, cualquier peinado afrodescendiente está explícitamente reprimido y prohibido, al igual que los tatuajes, los piercing, o cualquier tipo de moda que implique un deslizamiento hacia una expresión corporal más libre.
Lo mismo sucede con el machismo, en un país en donde más del 90 por ciento de los puestos de la administración pública han sido siempre ocupados por hombres, dejando a las mujeres los puestos “tradicionales”. Hablamos de un país en donde hablar del aborto, de la educación sexual integral o de la diversidad sexual está taxativamente prohibido. ¿Es esto una democracia? En todo caso una muy autoritaria. Otro indicador de conservadurismo es el crecimiento de las confesiones evangélicas. En un país en donde la mayoría de las familias son monoparentales porque el hombre no asume su responsabilidad paterna, las familias realmente existentes no son reconocidas como tales y se insiste con el falso estándar de la familia nuclear clásica. Y ni hablemos de la posibilidad de un matrimonio igualitario…
— Entiendo que también hay una fuerte resistencia a discutir la problemática del embarazo infantil y adolescente, en un país que tiene uno de los índices de la región más altos al respecto.
El manejo que se ha hecho de esto es sencillamente horrible. El embarazo adolescente, efectivamente muy extendido, no es entendido como un problema estructural, sino que se elige culpabilizar a tal o cual muchachita. También es muy elevada la cantidad de abusos sexuales intrafamiliares. Lo mismo en las escuelas, donde sin embargo no se imparte educación sexual integral, ni se ofrece a la población adolescente herramientas para garantizar sus derechos sexuales y reproductivos ni para impedir los abusos. A nivel educativo se aprobó una política de género en 2017, pero este gobierno la prohibió y convirtió la Dirección de Género en un departamento.
Si bien los gobiernos del PLD fueron muy conservadores, este gobierno del PRM lo es mucho más. Los indicadores están ahí: el tratamiento del tema haitiano, la educación sexual y la perspectiva de género, el tema de la población LGBITQ, de la que ni se habla, como si aquí no existiese. De la juventud y de sus expresiones culturales tampoco se habla. Este es el país del doble sentido, de la doble vida, de la doble moral. No se necesita ser explícitamente autoritario para eso. Por supuesto que el gobierno va a tener la misma duplicidad: soy democrático, pero no lo soy.
— Yendo ahora al mapa y a la comparativa latinoamericana y caribeña… Su tuviéramos que hacer un degradé entre las posiciones más progresistas y de izquierda y las más conservadoras y de derecha, ¿a dónde ubicarías a la República Dominicana allí, en ambos niveles, tanto el social como el estatal-gubernamental?
A nivel del Estado, creo que el gobierno tiene muchas similitudes al bukelismo, por lo autocrático, lo autoritario, por la represión de la cuestión juvenil, el manejo de la cultura, de lo religioso. La diferencia, quizás, radica en que Bukele es explícitamente un tirano, desde sus primeras medidas autoritarias. Aquí se mantiene más la duplicidad y el doble discurso.
— ¿Cómo caracterizás a algunas de las expresiones emergentes de este proceso, puntualmente a estos grupos de ultraderecha que no dejan de irrumpir en escena, algunos incluso con características cuasi paramilitares? Me refiero a organizaciones semi-clandestinas como la Antigua Orden Dominicana y a otras análogas. ¿Cómo se insertan en esta historia? ¿Qué características tienen? ¿A qué intereses responden y qué función crees que cumplen?
Pareciera que la Antigua Orden y esos grupos se alimentan de ex militares, aunque tengo la impresión de que están ligados a elementos del trujillismo. Sin ir más lejos, Ramfis Trujillo, el nieto del tirano, se reunió con esa gente. En mi opinión todos hacen parte de un mismo cuerpo orgánico; lo que pasa es que les conviene presentarse como grupos distintos. Además de ex militares también figuran apellidos clave como los Castillo, que comparten esa perspectiva nacionalista extrema, gente de la época de Balaguer, y me atrevo a decir que también del PRM, cercanos al presidente.
— Pareciera haber en ellos algo demasiado histriónico, casi performático. Si uno analiza las críticas que realizan al gobierno, uno podría confundirse y pesar que este es un gobierno de izquierda radical, feminista y prohaitiano. La duda que me surge es: ¿cuánto hay de derecha realmente alternativa y cuando de puesta en escena en estas organizaciones? ¿Hay un conflicto real entre estos grupos y el gobierno o más bien resultan funcionales al correr la agenda más y más a la derecha sin que el oficialismo deba asumir como propias algunas iniciativas polémicas?
Creo que se trata de un juego de poder. En mi interpretación, ellos son sencillamente parte del gobierno. Se promueven como algo aparte para que éste radicalice su posición frente a la migración haitiana por ejemplo, pero para que se vea que éste esta “intermediando” entre “posiciones diferentes”. Yo te exijo 10 y te quedas en 8. Así operan.
— E imagino que esto permite al gobierno tercerizar parte del trabajo sucio a través de organizaciones que por sus características cuasi clandestinas no deben dar respuestas en el marco del estado de derecho o frente a la comunidad internacional…
Exactamente. Ellos inducen el miedo e incluso reprimen protestas, haciendo que la gente se recoja y no salga a las calles por temor a grupos que como la Antigua Orden no se sabe bien de donde salen, pero que se visten y forman como los grupos especiales de las fuerzas armadas. Andan armados, irrumpen en las protestas, y las fuerzas del orden no hacen nada, aun cuando ejercen la violencia.
Esta gente nunca fue presa, ni ha sido investigada, ni siquiera de manera simulada. Incluso ahora, con la política de deportaciones masivas, van con vehículos exigiendo a los haitianos de las comunidades que salgan, o invitando a la población a no relacionarse con ellos, a no comprarles ni venderles, y a no rentarles vivienda. Migraciones debería actuar en este marco, porque estos grupos están afectando la institucionalidad del propio Estado.
— Ese modus operandi que mencionás parece ser típicamente paramilitar, como las Convivir en Colombia, convocando a la “sociedad civil”, a la “gente de bien”, a ejercer “justicia” por mano propia frente a los más vulnerables, socializando la violencia en el cuerpo social…
Si, pero esto viene desde hace tiempo. En el 2006, antes de que se expidiera la circular 17-07, por la que el Estado comenzó a retener cédulas y documentos, se produjeron hechos de violencia en Montecristi, en Hatillo Palma, en Villa Vásquez, en Guayubín, donde se dieron linchamientos de haitianos que presuntamente habían cometido delitos. En casos como estos la población se tira a las calles, quema incluso sus viviendas y los obliga a irse del lugar. Cosas como éstas sucedieron justo antes de la circular 17-07 y creo que no fue por casualidad. En simultáneo con las repatriaciones estos grupos promueven acciones de este tipo. Incluso sucedió, en Loma de Cabrera, que el síndico convocó a que la gente echara a los haitianos, hasta llegar a enfrentarse con los ganaderos que no querían mermar la producción, enormemente dependiente de la mano de obra haitiana.
— Conversando con comunidades migrantes en Villa Mella, o en los bateyes del oriente del país, hay quienes comentaban que perciben un clima enrarecido, similar, según la memoria oral, al que precedió a la Masacre del 37. ¿Pueden estas medidas, estas narrativas deshumanizantes y estos grupos extremistas estar generando un situación propicia para hechos de tal gravedad y magnitud?
Yo creo que no podemos descartarlo, y que todo puede pasar. Basta ver lo que sucedió con mujeres parturientas que fueron arrancadas de los hospitales. Aquí pueden pasar cosas de esa calibre, incluso más brutales, y nada sucede. No ha habido ningún tipo de condena del gobierno a estas barbaridades. Pero este miedo infundido tiene una razón de ser. Justo antes de las deportaciones, en plena campaña electoral, la reelección [del presidente en ejercicio Luis Abinader] se promovió con una campaña identitarista llamada “pura cepa”. ¿Qué estaban preparando entonces en términos ideológicos? Toda esta idea de una dominicanidad presuntamente pura, ¿a qué apuntaba? ¿Qué significa de parte de un presidente que es él mismo un migrante? Hasta las publicidades de los bancos, en República Dominicana, giran en torno al tema de la identidad.
— ¿Crees que puede haber algún sector social que se siente amenazado, por así decirlo, en términos existenciales, a la manera de las teorías europeas o norteamericanas del “gran reemplazo”? Más allá de la función social y económica del disciplinamiento de la otredad, ¿se sienten las élites realmente amenazadas por la población migrante haitiana?
Puede ser, y es una hipótesis, que ellos estén percibiendo un cambio cultural real. Que se hayan dado cuenta de que la población joven ya no asume tanto las narrativas racistas. Que hay grupos que asumen su negritud con cada vez más fuerza, en los peinados, en la música, en la forma de vestir, en los atabales, en los ritmos afros, en todo lo que apela a la afrodescendencia. Es como el machismo: ¿por qué se ha vuelto tan violento y revanchista? Porque las jóvenes ya no aceptan las mismas relaciones de poder que aceptábamos en otras generaciones.
La pregunta, en el fondo, es qué tipo de dominicano o dominicana vas a seguir representando. ¿Uno que se supone que es blanco, cuando la juventud lleva sus trenzas o su pelo rizo? Ya no puedes seguir vendiendo un país blanco con una población que ya no oculta tanto como antes su negritud. Era más fácil para Trujillo o Balaguer manejar eso, desde la escuela o desde la religión. Pero ahora tienes una generación joven, con acceso a internet, que tiene redes sociales, que está viendo otras cosas. Para ilustrarlo con una anécdota. Mi cédula, mi primera cédula, decía que yo era “india”, más precisamente “india clara”. Las categorías eran entonces «blanco», «indio», «indio claro» o «indio oscuro». La categoría “negro” sencillamente no existía. Esto fue así hasta los años 90. Todavía hay dominicanos negros que si les interpelas te dicen: “¿Negro? Negros son los haitianos”.
— Volviendo al tema del antihaitianismo. ¿Crees que es significativo en términos electorales?
Creo que el antihaitianismo cala más fuerte en las clases medias, porque como conversamos en las clases populares hay más relación, más convivencia, más matrimonios, más familias. Por eso creo que se da precisamente esta ofensiva. Incluso circulan viejas ideas, desde el siglo XIX, como el “fusionismo” y otras teorías, que dicen que los haitianos quieren tomar este país, que República Dominicana está siendo invadida. Obviamente, el desalojar la negritud de la idea de qué es lo dominicano ayuda a instalar ese mito de la “ocupación haitiana”. Porque, ¿los negros quiénes son?
Esa mirada paranoica sostiene que los dominicanos que trabajan en el servicio doméstico, los obreros de la construcción, los chóferes o los delivery, todos son haitianos porque son negros. Así, negro que pasa es negro que van recogiendo para las deportaciones, aunque sea y pueda probar que es dominicano. El problema es que son deportados y los traen de vuelta. Se trata de tráfico de personas y de un comercio muy lucrativo. Hasta me comentaron que bajó a los hospitales una directiva gubernamental que manda anotar como extranjeros a todos los “apellidos raros”, es decir de origen no hispánico. O también que sobrevalúan el costo de los partos de la mujeres haitianas, calculando las cesáreas en hasta cinco veces su valor real, o mienten sobre la presunta falta de plazas en las escuelas para los niños dominicanos.
— Esto, que insisto que podría entenderse como variante local del “gran reemplazo”, parece entroncar muy bien con el anti-globalismo, la agenda “anti-woke”, las críticas a la agenda 20-30 y los organismos internacionales, etcétera…
Si, ahí meten todas esas agendas conservadoras. La diversidad sexual que quiere “convertir a las niñas en niños”, el aborto, que se propone “exterminar a la población”…
— Para ir terminando… ¿A dónde crees que conducen estas tendencias? Y, ¿te parece pertinente o no la categoría de fascismo o la de neofascismo para explicar estos fenómenos?
Creo que sí, que es fascismo. Pero el asunto es que para tú tener un Estado fascista y dictatorial necesitas de una estructura de poder centralizada y consolidada, que aquí no hay. El presidente de la República carece de esas estructuras. El PRM, el partido de gobierno, tampoco las tiene; es un partido fragmentado, como todos los de este país, con una lógica caciquista. Hasta los organismos de seguridad son corruptos y están degradados. Por eso los haitianos son deportados y retornados, y ganan dinero con todo el circuito.
— ¿Y a nivel social? ¿Hay algo así como un sentido común fascista o extremista capilarizado en la población?
Por usar una comparación… En Argentina existió un sistema educativo de calidad, cosa que aquí nunca existió. Eso facilita todas estas tendencias, pero a la vez las dificulta. Por eso es muy difícil compararnos con el resto de América Latina y el Caribe, porque nosotros no hemos contado con rupturas claras a nivel del Estado dominicano, que es débil. Como sociedad somos una estructura muy dual y ambivalente: somos y no somos. Aparentamos una cosa y somos otra. Es difícil controlar una sociedad así. Somos autoritarios en términos de nuestro estilo de vida, en nuestra manera de relacionarnos, pero también rompemos con él cuando nos conviene generar cosas alternativas que entran en contradicción con la lógica autoritaria, hasta el punto de que podemos llegar a no respetar ningún mandato, ninguna orden, ninguna norma, nada de nada.








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