– Estamos con Thiago Ávila, activista brasileño, mundialmente conocido por su participación protagónica en la Freedom Flotilla Coalition y ahora también en la más amplia articulación de la Global Sumud Flotilla, iniciativas de solidaridad internacional que coordinó y que tuvieron un gran impacto político y mediático el año pasado. Gracias Thiago, desde ya, por tu tiempo para conversar con nosotros.
Quería empezar preguntándote por un balance precisamente de aquellas iniciativas internacionalistas en un año particularmente activo en las redes de solidaridad con la causa palestina. Para recapitular brevemente su derrotero: en mayo fue la primera tentativa del año, la del buque Conscience que no logró salir de Malta, bombardeado por drones israelíes horas antes de ser embarcado por medio centenar de activistas. Luego fue el turno del pequeño Madeleine, que partió de Sicilia en el mes de junio y navegó contigo, Greta Thunberg y otros 10 tripulantes y terminó secuestrado en aguas internacionales por las fuerzas armadas israelíes después de varios días de travesía. En aquel mismo mes se desarrolló la multitudinaria Marcha Global a Gaza desde Egipto hacia el paso de Rafah, impedida y reprimida por el gobierno de El Sisi. Finalmente todos los esfuerzos se coaligaron en la masiva Global Flotilla Sumud, con más de 40 embarcaciones que partieron de España y otros países mediterráneos en el mes de agosto y estuvieron muy cerca de romper el cerco a la Franja a comienzos de octubre.
A partir de este somero recuento y con la perspectiva que da el fin de ciclo, ¿cómo podrías medir hoy el impacto de todas aquellas iniciativas? ¿Considerás que los objetivos buscados se cumplieron? ¿Qué cosas crees que podrían mejorarse a futuro?
– Bueno, conocer y tener en consideración la historia del internacionalismo y la solidaridad de los pueblos nos coloca una vara muy alta. En otros momentos, como en la Guerra Civil Española, vimos la movilización orgánica de 40 mil militantes de 19 países que realmente hicieron una diferencia sobre el terreno. Tenemos también la historia de la lucha de toda la humanidad contra el Apartheid en Sudáfrica, menos orgánica pero totalmente masiva, que logró asfixiar al régimen y crear las condiciones para su derrota.
Con estos puntos de comparación, considerando procesos muy orgánicos por un lado o muy masivos y eficaces por el otro, debemos asumir que nuestra tarea está todavía incompleta. Con las flotillas –y tú lo sabes muy bien porque fuiste parte de la misión del Conscience en Malta–, todo empezó con una serie de derrotas logísticas, e incluso políticas, porque en las primeras misiones no lográbamos salir de los puertos, víctimas de la guerra burocrática. Y cuando intentamos una misión secreta como la del Conscience el bote fue bombardeado. Vivimos momentos muy difíciles y sufrimos muchas derrotas consecutivas hasta que logramos salir con el bote más pequeño de nuestra flota, si consideramos todos los que utilizamos en los últimos 17 años, desde el primer Free Gaza Movement, pasando por la Freedom Flotilla y llegando por último a la Global Sumud Flotilla. El bote más pequeño, el Madleen, fue paradójicamente el que llegó más lejos y también aquel que lo cambió todo.
Nosotros sabíamos que cuando estuviéramos cerca de Gaza las cosas iban a cambiar, que se iba a generar un proceso de toma de conciencia, porque las personas iban a comenzar a formularse las preguntas correctas: ¿por qué esa gente, personas comunes y no Estados o gobiernos, son los que están haciendo esto, navegando hacia la Franja o caminando hacia las fronteras terrestres? ¿Por qué son atacados, por qué fueron asesinados 15 años atrás [se refiere al ataque al Mavi Mármara en 2010, asaltado por Israel con un saldo de 10 activistas muertos], por qué son secuestrados y encarcelados, por qué Israel se roba la ayuda humanitaria?
Al hacerse esas preguntas las personas iban a llegar a las raíces del problema, al sionismo, al imperialismo, a la complicidad de ciertos países. Comenzarían también a cuestionarse las relaciones sociales a lo interno de esas mismas naciones, y a percibir que el Norte Global, por lo general asociado a los ideales de dignidad y libertad, a los derechos humanos y las formas de vida civilizadas, está en realidad repleto de gobiernos crueles y tiránicos, en donde las personas pueden ser encarceladas por manifestarse contra un genocidio, como Greta [Thunberg] recientemente, apresada con otras mil personas en el Reino Unido. Nosotros consideramos que las flotillas son parte de un proceso más general de insurrección global, de carácter antiimperialista y antisionista, que como movimiento global sí consiguió victorias importantes.
Si hacemos memoria, debemos recordar que hace apenas medio año Donald Trump anunciaba para todo aquel que lo quisiera escuchar que iban a tomar Gaza, que iban a desarrollar allí la “gran riviera de Medio Oriente” construyendo casinos y resorts, que desplazarían a los palestinos a Egipto y Jordania, e incluso después se habló de Sudán del Sur, Somalilandia, Eritrea, etcétera. Pero la insurrección global prosiguió, se movilizó masivamente, creció con las nuevas flotillas, la huelga general en Italia y otros acontecimientos en otros países. El proceso fue inmenso y frustró los planes de Trump. Por eso, viendo que no lograría derrotar la movilización global con la violencia y la persecución, decidió cambiar de táctica, autodefinirse como promotor de la paz e imponer a [el Primer Ministro israelí Benjamín] Netanyahu un cese al fuego limitado, frágil, casi inexistente. El mismo Trump dijo: “llamé a Netanyahu y le dije que no podía luchar él solo contra todo el mundo”. Para el buen entendedor, se trata del presidente de los Estados Unidos admitiendo la fuerza del levantamiento popular. Visto así se trata de una victoria impresionante.
El pueblo palestino y los pueblos del mundo lograron derrotar políticamente a las mayores fuerzas militares del planeta, al complejo militar-industrial como un todo. No podemos perder esto de vista. Considerando de nuevo nuestra historia, debemos recordar que en el caso de Vietnam o en otras guerras coloniales se necesitaron años y años de batallas, pero que en apenas dos años el pueblo palestino y la insurrección global derrotaron a esa política. Claro que el imperialismo tiene maneras muy inteligentes de cambiar sus tácticas, e incluso de transformar por completo sus estrategias, de “entregar los anillos para no perder los dedos”. Así fue como viraron desde una tentativa de despliegue y destrucción total, muy fuerte, masiva y cruenta, a una nueva estrategia de baja intensidad, más paciente, consustancial a los 80 años de historia de colonización palestina.
En las fases en las que el genocidio no escala, lo que vemos es un avance gradual del proyecto sionista, con el despliegue de más colonos y mayor anexión de tierras, que es lo que está sucediendo ahora en Gaza. En síntesis, lo que vimos fue cómo un levantamiento popular global muy poderoso derrotó la política de limpieza étnica total de Gaza que impulsaban Trump y Netanyahu, política que intentarán ahora concretar por otros medios, con un falso alto al fuego y un falso plan de paz.
Vemos entonces que los desafíos son enormes, y que las medidas para reprimir el levantamiento global se intensifican, tanto al promover la confusión política en torno a un falso cese al fuego, con una inversión muy grande en las big techs y en las redes sociales, como con una criminalización cada vez agresiva en los países del Norte Global, con ataques al movimiento de solidaridad con Palestina en todo el mundo, con el estímulo y la compra de cada vez más gobiernos títeres. La situación es compleja, pero nuestro balance es que los pueblos vienen de hacer una demostración de fuerza muy importante, y que si podemos redoblar los esfuerzos obtendremos entonces conquistas mucho mayores.
– Realizabas recién una comparación muy interesante con los tiempos de la Guerra Civil Española. Considerando que a lo largo de la historia los movimientos populares han tenido picos y mesetas en su praxis internacionalista, y que ésta parecía haber declinado desde los tiempos del movimiento anti-globalización a comienzos de siglo, ¿por qué considerás que es precisamente la causa palestina la que parece estar revitalizando al movimiento internacionalista global? ¿Crees que el día de mañana podremos mirar atrás y asegurar que las flotillas y otras iniciativas análogas fueron tan determinantes para acabar con el régimen colonial israelí como aquellas que coadyuvaron a la caída del Apartheid en Sudáfrica en el siglo pasado? Y por último, a partir de tu propia experiencia, ¿qué es ser internacionalista en este preciso momento histórico que nos tocó vivir?
– Creo Lautaro que el Che Guevara tenía toda la razón cuando decía que debíamos sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida en cualquier parte del mundo, que ésta debía despertar en nosotros la misma indignación que si sucediera en nuestro barrio. Nosotros, quienes nacimos en el Sur Global y tenemos aquí nuestras raíces, sabemos muy bien cómo funciona el capitalismo en su lógica económica neoliberal y en su voracidad imperialista. Sabemos que sus efectos en las periferias son mucho perores, pero que en todas partes las personas viven bajo un sistema que explota, que oprime y que destruye la naturaleza.
Hace mucho tiempo [el periodista y escritor] Ghassan Kanafani dijo que la causa palestina era la causa de todos los explotados y oprimidos del mundo. Aunque, a decir verdad, Palestina enfrenta muchos factores y retos que la colocan en una situación muy peculiar en el mundo. Primero porque es el vector principal de la política imperialista. El dominio de Asia Occidental, también llamada “Medio Oriente”, es un objetivo central de la política exterior de los Estados Unidos desde hace por lo menos tres o cuatro décadas. Por eso hemos visto allí guerras muy intensas, guerras eternas como se les llama, y el despliegue de una enorme presión sobre una región muy rica en recursos estratégicos. Una región en donde se emplaza también su principal aliado estratégico.
Cuando se crea Israel en los territorios de la Palestina histórica y se teje esa alianza en el contexto de la Guerra Fría, Estados Unidos pasó a contar –como decía el mismo Ronald Reagan– con el mayor portaviones del mundo, uno que no implicaba la movilización de ningún soldado estadounidense. Esto es verdad, aunque no es toda la verdad, porque sí hay muchos soldados de los Estados Unidos en Israel, aunque tengan dobla nacionalidad. Como sea, ellos mantienen ahí una enorme concentración de fuerzas del complejo militar-industrial. Pero Israel no es cualquier aliado. Es un aliado estratégico que se infiltra en la propia sociedad estadounidense, que se infiltra en el Congreso, que se infiltra en la industria cultural, que se infiltra en tantas instituciones y sectores sociales que llega a contar con una enorme capacidad de maniobra. Si para la política imperialista Palestina es un eje absolutamente crucial de su dominio, igual de crucial ha de ser para nosotros derrotar a ese proyecto colonial; si lo hacemos ahí podremos hacerlo en cualquier parte.
Debemos recordar que hasta hace apenas dos años Palestina era considerada una causa casi perdida, porque los poderes que se ejercen allí eran y son tan fuertes, tan abrumadores. Lo que cambió esa percepción fue el coraje de los periodistas y comunicadoras de Gaza, que transmitieron con sus teléfonos celulares su propio genocidio, forzando a la prensa mundial a poner sus ojos allí. Claro que ellos continuaron mintiendo por más de un año, diciendo que no había víctimas civiles, que todo el mundo tenía armas, que había un túnel excavado debajo de cada vivienda, de cada escuela, de cada hospital, que cada niño gazatí era un terrorista en potencia, etcétera. Ellos intentaron manufacturar esos consensos de todas las formas concebibles, pero se llegó a un punto de no retorno y su credibilidad se vino abajo. Llegado ese momento hasta las grandes corporaciones de prensa tuvieron que revelar el genocidio que se estaba cometiendo allí.
Volviendo a tu pregunta, creo que lo que ha hecho de Palestina el centro del mundo, aquello que en mi opinión cambió la historia para siempre, es que el sitio en donde el imperialismo tenía puesto sus máximos objetivos y prioridades, fue el mismo lugar en donde toda su narrativa y su construcción ideológica se derrumbó para siempre. Porque los propios palestinos se encargaron de mostrar la realidad de su cotidiano; que donde decían que había túneles y terroristas sólo había hospitales y niños asesinados.
Es en Palestina en donde todas las máscaras del imperialismo, de las potencias del Norte Global y del sionismo se revelaron. Todos pudieron ver y conocer que lo que sucedía allí era un genocidio y no la legítima defensa de una nación atacada por vecinos hostiles, de religión islámica, de una etnia árabe “violenta”. Todo el mundo empezó a preguntarse qué es en realidad el sionismo, qué es el imperialismo, y eso lo cambió todo.
Creo entonces que el internacionalismo es una forma de conciencia, que ser internacionalista hoy es comprender que el mundo vive bajo un sistema que explota, oprime y destruye la naturaleza, que estimula genocidios en Palestina, en Sudán o el Congo, pero que también destruye la Amazonía, los glaciares del Cono Sur, las sabanas, las zonas áridas de México, etcétera. Es comprender que todo hace parte de un mismo sistema. Es comprender que sin luchar contra el imperialismo no lograremos las victorias más elementales en pos de un cotidiano buen vivir en nuestras comunidades. Implica comprender y sentir que nuestra victoria sólo será completa cuando sea para todo el mundo, porque vivimos bajo un sistema totalizador y deshumanizante.








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