Cuando entrevistamos a Elvio Benítez, hacía apenas un mes que había sido liberado de la Penitenciaría Nacional de Emboscada –nombre funesto con una historia funesta–, en donde fue detenido bajo los cargos de invasión a la propiedad privada, asociación delictiva y tentativa de homicidio. Pero en vez de a un criminal temible, y pese a la aparatosa tobillera electrónica que carga como una cruz, este cronista se encontró a un campesino risueño, enérgico y carismático, presidiendo en su bilingüismo elocuente una asamblea de su organización, la Coordinadora de Sin Tierras del Norte. Allí, durante varias horas, Elvio pregunta, atiende y lo consigna todo en un cuaderno de actas con su caligrafía impecable, sentado muy recto, con su imponente porte de ex jugador de fútbol, armero y albañil. Cada tanto se saca algunos chispazos con su hermano Ernesto, e interpela a todos sus compañeros con su voz de antiguo cantante y teatrero.
¿Su delito? Organizar y encabezar una caravana pacífica de cientos de familias sin tierra que, llevando enseres domésticos, herramientas de trabajo y algunas gallinas, y bajo la santa protección de la Virgen de Caacupé, pretendía recuperar una pequeña parte de las tierras decomisadas por el Estado al narcotraficante brasileño Luiz Carlos da Rocha, más conocido como Cabeça Branca. La respuesta del Estado en la Estancia Lucipar fue inmediata, brutal y desproporcionada; la represión dejó varios heridos, sin distingo entre hombres, mujeres, ancianos y niños, así como a 25 campesinos procesados. La recuperación se frustró, pero al menos se convirtió en un acontecimiento nacional que volvió a poner a los campesinos desposeídos y a la lucha por la tierra en el centro del debate político, contradiciendo –al menos por un tiempo– las odas oficiales al progreso y el discutible “derrame” del agronegocio y la narco-prosperidad.
El de “Benítez” no es un nombre más en esta región del Paraguay, en el Departamento de San Pedro, al oriente del país; es un linaje. Pero un linaje popular y no dinástico, iniciado por don Leonardo, un veterano dirigente que cuando la represión arreció y debió replegarse dedicó todos sus esfuerzos militantes a la crianza y educación de sus siete hijas e hijos, y los sacó a todos luchadores sociales (envidiable eficacia la del viejo). La historia del Paraguay es todavía, en buena medida, una historia rural, y nadie podría contarla mejor que un histórico e irreductible dirigente campesino como Elvio Benítez. Después de apurar un desayuno pulsudo y de destrancarlo en la ronda infinita del tereré, iniciamos esta larga conversación bajo la sombra de un árbol obeso que nos ampara de estos calorones de Santa Rosa del Aguaray.
– Paraguay es un país con un importante componente social rural y una extensa y muy rica tradición de lucha por la tierra. ¿Cómo encuentra este momento de retrocesos generalizados al movimiento campesino paraguayo?
– Te cuento que, después de la caída de la dictadura de [Alfredo] Stroessner, empezó acá en el Paraguay el movimiento campesino a salir a exigir su derecho, su derecho a la tierra, y varios otros derechos más también que estaba negado del campesinado; derecho a la salud, a la educación. Y eso promovió un gran movimiento social, popular, campesino. En su gran mayoría son de carácter así, espontáneo, no muy planificado.
Pero resultado de esa lucha, en el 2008, ante el descrédito del gobierno del Partido Colorado, llegamos a conseguir nosotros un candidato, un candidato importante en el Paraguay, nuestro Fernando Lugo, que también viene surgiendo de la lucha social, de la lucha campesina, él siendo un religioso importante, pero participando activamente en la lucha social, en la lucha popular. Nosotros también estábamos necesitando un referente, una figura. Bueno, por ahí fue que coincidimos. Resultado de tantas luchas, represiones, golpes, encarcelamiento de la gente, de no dar respuesta a los planteamientos.
Entonces, coincidimos ahí en la importancia de tener un candidato y plantear llegar al gobierno, llegar al gobierno con una persona, con una figura interesante, una figura de carácter religioso, pero que estaba apoyando y ayudando a la lucha social, a la lucha campesina. Hasta ahí fuimos elevando a un nivel importante la lucha, con muchos acontecimientos en el país, siendo protagonistas importantes en la disputa. Y bueno, ahí coincidimos con Fernando Lugo.
Con Fernando Lugo logramos también llevar un ascendiente sobre los movimientos tradicionales, partidos políticos tradicionales, de derecha, liberal, y varios otros sectores también más pequeños. Entonces, en una gran convergencia ahí, en una gran unidad, llegamos a instalar oficialmente una candidatura importante en el Paraguay y ganamos la elección. Con la victoria de Fernando Lugo [en las elecciones presidenciales del 20 de abril de 2008], se produjo acá una explosión enorme del movimiento popular, de las organizaciones sociales.
Y como te dije, el impacto fue importante porque fue un gobierno que se comprometió a dar más participación a las comunidades indígenas, a los campesinos sin tierra, a sectores más desprotegidos, más pobres. E incluso participación en el gobierno. Y no teníamos ningún problema para llegar al gobierno, para llegar junto al Ejecutivo, a los poderes legislativos con el gobierno de Fernando Lugo. Y solucionando inmediatamente algunas otras cosas de carácter así de importante, desde el punto de vista reivindicativo, como el tema de la alimentación, la salud, la educación, se mejoró totalmente con la gestión que hacía en ese momento el gobierno.
Pero hemos cometido también un gran error nosotros como movimiento social, como movimiento popular, de acelerar un proceso sin tener en cuenta que nosotros no teníamos una estructura política, social, de izquierda fuerte. Y hemos lanzado un candidato aisladamente, le metimos al gobierno y de ahí no pudimos sostener a ese gobierno. El compromiso que asumió Fernando Lugo con el movimiento popular, con la izquierda, con la gente, con la inquietud de la gente fue la reforma agraria. Todo el mundo estaba con la expectativa de que vamos a llegar a una gran reforma agraria en Paraguay, que con eso vamos a lograr entregar tierra al campesinado, emplear a la gente en su propia tierra, en su casa, en su vivienda propia. Bueno, cuando se intentó eso, llevar adelante eso ya desde el gobierno, ahí viene la persecución.
Ahí empezamos a decir que nuestros aliados –que con ellos llegamos al gobierno– no eran aliados en esa dirección. Los partidos tradicionales se retiraron ya de nosotros.
– ¿Crees que el tema de la tierra fue el punto de quiebre para desatar el golpe de Estado?
– Uno de los puntos, sí, fundamental. Porque después de avanzar algunas que otras reivindicaciones importantes desde el punto de vista social, de atención a la gente, el gobierno estaba en auge, estaba muy aplaudido también el gobierno. Uno de los temas –porque son dos elementos–, uno de los temas fundamentales era que Lugo quería avanzar hacia la línea de reforma agraria. Y para implementar la reforma agraria, obligatoriamente teníamos que tocar algunas que otras tierras, que nosotros veníamos calificando luego como tierra malhabida, como tierra del Estado que estaba en manos privadas, resultado de la repartija de corrupción de los gobiernos anteriores.
Entonces, cuando Lugo intentó tocar eso, ahí ya se movió la derecha, le dejaron ya prácticamente sin ningún aliado en el parlamento, ya los intentos de juicio político vienen ya inmediatamente, más aún con el acompañamiento de los grandes medios de comunicación, que el gobierno estaba yendo hacia intereses que apeligraban, en este caso intereses de grupos económicos importantes.
Ahí nosotros sentimos que había sido nuestro error, que nosotros no teníamos la herramienta política, no teníamos la fuerza política, ya que en el parlamento encontramos que no teníamos aliados. Recién casi a los tres años de gobierno, coincidiendo nuevamente con Lugo y tratando de reagrupar al movimiento popular, decidimos la construcción de un movimiento político. Ese movimiento político fue otro de los elementos importantes que llamó la atención y preocupó a la fuerza oligárquica, junto con los más grandes intereses multinacionales que hay acá. Lugo va a aparecer ya no como aliado del PLRA [el Partido Liberal Radical Auténtico, el otro partido político tradicional del Paraguay junto con el Partido Colorado], sino con un movimiento político propio. Así fue que se creó el Frente Guasu [Frente grande o amplio, en guaraní]
Por un lado hubo reivindicaciones importantes, luchas importantes, respuestas importantes a la gente, y por el otro lado la construcción de una fuerza política propia, que de repente tiene una fuerte tendencia democrática, popular, de izquierda, de participación. Bueno, eso era totalmente mal visto por esta gente, por el grupo oligárquico, y más también por intereses de afuera, por intereses imperialistas, por sobre todo por las fuerzas norteamericanas, las embajadas acá.
Entonces ahí se logró un consenso en contra del gobierno de Lugo. Rápidamente consiguieron los mecanismos para provocar su destitución. Entonces cometieron esa masacre en Curuguaty [un municipio del Departamento de Canindeyú], que fue provocada por ellos mismos [en el año 2012], donde ejecutaron a los cuadros y oficiales importantes de las fuerzas policiales ellos mismos, y al mismo tiempo ejecutaron a 11 compañeros campesinos en ese mismo acto. Fue un montaje para justificar el golpe.
Un montaje donde se justificó inmediatamente y se llevó adelante un golpe parlamentario. A partir de ahí todas las reivindicaciones, todas las reivindicaciones ganadas con el gobierno popular, democrático, de Lugo, se liquidaron en una semana. Se terminó la gratuidad de la salud, la educación, se terminaron las mesas donde se hacían las ollas populares, donde se le daba de comer a la gente que no tenía qué comer, la distribución de la alimentación a nivel nacional a toda la población. Todas esas reivindicaciones sociales se cortaron violentamente y pasamos a una nueva etapa en donde a la ofensiva feroz de los grupos sojeros se le dio espacio y apoyo desde el parlamento nacional, como con la aprobación del cultivo de semillas transgénicas y el avance feroz del agronegocio.
Era un compromiso prácticamente de parte de los grupos que lograron sacarle a Lugo instalar a este hombre, Federico Franco [hasta entonces vicepresidente de Lugo, de extracción liberal], que asumió el compromiso de saquear prácticamente el Estado, y de entregar el gobierno a grupos mafiosos en el Paraguay. Mientras eso, el imperialismo y la embajada norteamericana estaban preparando una nueva figura, [el también ex presidente y actual presidente del Partido Colorado] Horacio Cartes, para volver al gobierno de su mano; un grupo oligárquico local en alianza con el imperialismo norteamericano, con grandes corporaciones multinacionales.
Bueno, entregamos el gobierno y comenzó un proceso en donde nosotros hemos sufrido una derrota importante después de llegar al gobierno y sufrir un golpe parlamentario. Entonces el movimiento popular vino en retroceso y en ese retroceso hubo una desarticulación terrible donde buscábamos culpables entre nosotros, entre las fuerzas populares; la desconfianza entre compañeros creció y eso nos llevó a un retroceso en donde prácticamente fuimos derrotados.
Nos replanteamos muchas cosas desde el punto de vista de la lucha política y electoral pero ya no pudimos conseguir la fuerza suficiente. Nos ayudó muchísimo nuevamente la figura de Lugo como una figura con la que reagrupar a la gente y llegamos a tener nuevamente, ya bajo un gobierno de derecha, una bancada importante de legisladores y senadores. Reanudamos también la lucha social, la lucha por la tierra, pero el gobierno, el Estado oligárquico, modificaron totalmente las leyes relacionadas a todas las luchas sociales. Se implementaron nuevas leyes de criminalización de la lucha y en ese proceso la represión se volvió feroz, se volvió terrible. Fue cada vez más difícil enfrentar al modelo, enfrentar al gobierno, y dentro de esa línea de criminalización de los reclamos sociales fuimos perdiendo fuerza.
Hoy las luchas campesinas son criminalizadas, consideradas ilegales por el Estado. La mayor parte de los dirigentes está imputado y llegamos a este momento muy agotados, con grandes organizaciones nacionales campesinas que van desapareciendo, desarticulándose, como la Federación Nacional Campesina (FNC)
A la vez, en la lucha electoral, en la última donde participamos nuevamente, ya no pudimos juntar a nuestra fuerza política y nos hemos presentado dispersos, divididos, con un grupo detrás de un sector de derecha y otro grupo detrás de otro sector de derecha, ya sin fuerza o candidatura propia. Terminamos más golpeados que nunca y desapareció nuestra bancada en el poder legislativo.
– ¿Y ahora en qué situación se encuentran?
– En este momento nos encontramos en este intento de reagruparnos nuevamente, de dar la disputa social, la disputa por la tierra, para entrar a confrontar nuevamente al gobierno y al modelo. Nosotros como fuerza social tuvimos que tocar el fondo y de ahí replantear toda la lucha con los compañeros campesinos sin tierra, que es lo que estamos haciendo en este momento, aprovechando contradicciones como la creación del SENABICO [Secretaría Nacional de Administración de Bienes Incautados y Comisados], que es el organismo por el cual el gobierno dice que va a sacar tierra del crimen organizado. Nosotros nos aferramos a eso y estamos tratando de plantear reclamos sobre esas tierras incautadas dentro de la legalidad.
Pero el gobierno considera que nuestros reclamos no son legales, calificándolos de apología del delito, o de invasión a la propiedad privada, y dentro de eso se da nuevamente una persecución judicial jodida. Es por eso que tenemos a varios dirigentes, la mayoría de los que hoy conociste y estuvieron acá, con arresto domiciliario, saliendo bajo su propia cuenta y riesgo para poder reunirse con nosotros, porque si no la coordinación sería imposible.
Este replanteo que estamos haciendo seguramente nos llevará a una nueva confrontación muy fuerte con el gobierno, que califica a todas nuestras agrupaciones y califica este tipo de encuentros como incitación o planificación de un delito. Ellos dicen que entre nosotros hay el crimen organizado, pero nosotros sabemos que ellos son los que están ligados al crimen organizado. Cuando vos ves que hay cinco o diez legisladores de cada periodo que forman parte del narcotráfico, que prácticamente toda la fuerza del poder judicial está también metida, eso queda muy claro para nosotros.








Deja un comentario