Ecuador: ¿del sueño de Montecristi al “Panamá de los Andes”?

Irene León es una socióloga y analista ecuatoriana, directora de la Fundación de Estudios, Acción y Participación Social (FEDAEPS) y partícipe destacada de la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad (REDH). Sobre las brasas todavía calientes del balotage en Ecuador, nos acercó su mirada sobre diferentes aspectos del país: el balance del gobierno de la Revolución Ciudadana, el estallido social de octubre de 2019, las causas de la derrota, la situación de los movimientos sociales, y la política expectable bajo el futuro gobierno del banquero Guillermo Lasso. Para la Agencia Latinoamericana de Información, ARG Medios y otros.

Los antecedentes: golpe blando y lawfare en Ecuador

Muchas de las preguntas y muchas de las respuestas de estos tiempos aluden a la Revolución Ciudadana (en adelante RC). Quizás el primer punto sea: ¿qué pasó con la RC? Y la primera respuesta es que hubo en Ecuador un golpe blando muy bien organizado. 

Podemos volver a leer [al teórico estadounidense] Gene Sharp y ver que hubo una combinación de varios elementos que hicieron que un proceso que tenía una adhesión mayoritaria de la población, llegara luego a ser estigmatizado. La RC tenía una fuerza organizada, típica de los nuevos movimientos políticos que surgieron en América Latina en los últimos 20 o 30 años.  

Así surgió Alianza País, como una confluencia de propuestas sobre cuya base se elaboró una agenda programática. En el año 2006 confluyeron allí movimientos, organizaciones y frentes políticos, para construir un movimiento progresista: eso fue y no otra cosa. La agenda llevada adelante puso foco en la distribución de la renta y, en un mediano plazo, en la “desneoliberalización” del país. Esto estuvo articulado también a otras visiones de largo plazo, como la apuesta prioritaria e histórica de la integración latinoamericana. Y más allá en el horizonte, la propuesta constitucional del socialismo del buen vivir.

Toda esta perspectiva se demostró imbatible en elecciones, por lo que se decidió recurrir a otros métodos para destruirla. Se provocó la traición desde las propias filas del liderazgo del proceso, y se provocó la implosión del movimiento. En menos de seis meses fue destruido el escenario político anterior y se inició la transición hacia un neoliberalismo de tipo radical.

Además, fue parte del guión un mecanismo de persecución judicial y política que afectó y afecta a varias personas hoy en el exilio, pero sobre todo al entramado político del proyecto y al conjunto de la población, dado que se vive un ambiente de persecución generalizado en torno a la libertad de ideas y la libertad de expresión. Incluso se produjo una censura explícita con la desaparición virtual de los medios públicos del Ecuador. 

“Un punto de llegada”: el estallido social de Octubre

A pesar de todo, durante los cuatro años de gobierno de Lenín Moreno se articuló un grupo de resistencia en torno a la propuesta de la RC. Fue esa la única fuerza que movilizó al país contra el neoliberalismo. Durante 2017 y 2019 hubo aquí una acción movilizada por parte de este único polo que se atrevió a salir a las calles. Octubre es en ese sentido un punto de llegada, y allí [en el estallido social] lograron confluir fuerzas diversas con distintos intereses, sin lo cual es imposible entender el proceso actual de acumulación política.

Vimos allí a un sector del movimiento campesino que sí ha estado activo contra el neoliberalismo todo este tiempo. También a un sector del movimiento indígena y popular, activo en la resistencia a las políticas de Lenín Moreno y el FMI. 

Pero también se movilizó la CONAIE (la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador), que durante aquellos años no tuvo ningún protagonismo público frente a la agenda impuesta por el modelo dominante, sino que discurrió con una agenda propia y de bajo perfil. Finalmente, es esta la que logra hegemonizar el resultado político, a través de la movilización de las comunas indígenas, no necesariamente alineadas a su liderazgo, en todo el país. 

El resultado final fue una negociación con el gobierno de Moreno que nos llevó a diluir la agenda estratégica neoliberal que estuvo colocada en las calles durante Octubre. La realidad es que no hubo resultados concluyentes frente a la imposición de las políticas del Fondo Monetario Internacional [se refiere, en particular, al alza del precio de los combustibles, el intento de limitar las vacaciones de los empleados públicos y otras medidas de ajuste fiscal]

El acuerdo entre Moreno y parte de la dirigencia de la CONAIE, con la presencia de organismos internacionales que fungieron de moderadores, debilitó las capacidades más enérgicas del estallido. Este sector [de la CONAIE] ha hegemonizado la vocería del movimiento, soslayando a todos los demás sectores indígenas. 

Como saldo de esa negociación, hubo también una suerte de pacto anti RC. Todos los actores presentes en la mesa concluyeron que el problema era, aparentemente, lo que llaman el “correísmo”. Hubo un pacto tácito de estigmatizar al movimiento, lo que de hecho redundó en un nuevo proceso de persecución política contra militantes y dirigentes. Ese mismo día culminó con distintos encarcelamientos arbitrarios. 

“Confusiones programáticas”: el progresismo y el movimiento indígena

Hay una confusión programática entre las luchas antineoliberales -que tiene expresión en los movimientos populares, parte del movimiento indígena, el movimiento urbano- y el acumulado del progresismo, en particular las políticas de la RC concretadas durante un decenio. Entonces hay estos dos frentes, estos dos focos de experiencia y acción.

Pero el sector que hegemonizó el proceso de octubre se expresa más cercano a la derecha que a las propuestas programáticas de la izquierda. Esto incluye al candidato a la presidencia Yaku Pérez [del Movimiento de Unidad Plurinacional Pachakutik]. Aquí hay un entorno que no necesariamente proviene del movimiento popular e indígena, sino de lo que el intelectual y político indígena Carlos Viteri conceptualiza como figuras construidas por los grandes medios de comunicación.

Estos sectores expresan por ejemplo tesis anti-extractivistas y tesis sobre el “imperialismo Chino”, como parte de un entorno refractario al progresismo y la izquierda en la región. En Bolivia, en Brasil, encontramos discursos parecidos. Incluso pudimos ver una versión “decolonial” de parte de figuras que nunca nombran al capitalismo, al imperialismo o el mundo corporativo realmente existente. Claro que estos discursos tienen su asidero, dado que por ejemplo la extracción es una práctica desde los inicios de la Colonia, existe. Pero el extractivismo no es en sí mismo un modelo: el modelo es el capitalismo, y tiene distintas fases como la actual, globalizada. Ojo otro eje tuvo que ver con la idea de que la izquierda ya estaba caduca, de que ya no era necesario hablar de izquierdas o derechas, o incluso de clases sociales. 

En todo caso se trata de discursos accesorios, dado que en la agenda política formal el movimiento Pachakutik actúa en alianza con sectores de la derecha: basta por caso con ver los votos de sus legisladores en la Asamblea Nacional. 

“La fábrica de sentido común”: la derrota electoral

No hay que olvidar que la RC llegó a las elecciones sin un partido político, dado que no pudo ser acreditado por la persecución judicial política y electoral del Consejo Nacional Electoral y otros actores. ¿Entonces quién estuvo en la campaña de Andrés Arauz? Los movimientos sociales, el movimiento campesino, el movimiento indígena y alguna parte del movimiento de trabajadores (solo una parte dado que otros sectores del movimiento sindical operan directamente con la derecha). Vimos también al movimiento feminista, al movimiento LGBTI. Cada sector fue sacando sus respectivos manifiestos, respaldando la candidatura de la RC. 

También se movilizaron las fuerzas populares de los barrios extremadamente pobres y los trabajadores informales de Guayaquil, el principal puerto capitalista del país, por lo que por primera vez se llega a ganar con tanta diferencia en [la provincia de] Guayas. ¿Por qué no se reconoce esto comunicacionalmente, y por qué este sector de la élite dice que los movimientos populares estuvieron contra Arauz? Nuevamente creo que estudiar a estas figuras del golpe blando y a Gene Sharp, para comprender cómo se construyen sensaciones de incomodidad, cómo se fabrica el sentido común sin el cual es imposible explicar la victoria del candidato [del Movimiento Creo Guillermo] Lasso.

La derecha logró posicionar que la RC sólo construyó malas carreteras, que se trató de una banda de corruptos y forajidos que se escaparon antes de quedar presos, que Rafael Correa es un dictador y que persiguió y asesinó a no se cuanta gente, etc. Ahora mismo vemos por ejemplo una operación por la cual se busca negar que la RC se sostiene como la primera fuerza política del país, posicionando en cambio en ese lugar a Pachakutik. De la misma manera, en la primera vuelta, aún cuando Arauz ganó las elecciones con una diferencia importante [más de 12 puntos sobre sus rivales inmediatos], al otro día se puso en el centro de la escena la disputa entre Pachakutik y CREO que al final decidió saldarse entre amigos. 

Un revival neoliberal: de Moreno a Lasso

La “ganancia” electoral de Lasso -no se puede conceptuar como una victoria- es parte de ese proceso de retoma del estado por parte de las fuerzas conservadoras. Un estado reconceptualizado que se define constitucionalmente como plurinacional, que promueve un sistema económico popular y solidario, y que señala como modelo el socialismo para el buen vivir. Este golpe blando que vivimos es contra todo este legado. No es contra [Rafael] Correa, ni contra Andŕes Arauz. Es contra esa propuesta. Los modelos en disputa son hoy por hoy el neoliberalismo o la refundación plurinacional del Estado.

En el primer período de este golpe se puso en marcha el retorno al neoliberalismo duro, bajo el anti liderazgo de Moreno. Para la consecución de esto hubo dos actores claves: por un lado las instituciones financieras internacionales y con ellas todas las fuerzas del capital. Y por otro lado el retorno de los Estados Unidos y sus aliados a la gestión política del país. Es decir, la disputa de contenidos y de sentidos tiene que ver con ser un país soberano articulado a la propuesta de integración latinoamericana, o volver a ser un satélite de bajo perfil bajo el mando norteamericano.

La agenda neoliberal está colocada sin camuflaje, y hace parte de una propuesta capitalista global. Pero para eso se tuvo que dar un golpe, romper la institucionalidad, poner al margen la Constitución, violar todos los derechos y garantías existentes, etc. Es decir que el neoliberalismo, no solo aquí sino en todas partes, sólo se impone con violencia. No se trata de una propuesta que pueda generar felicidad, no es el Sumak Kawsay, la propuesta de una relación armoniosa entre la gente y entre esta y la naturaleza. 

Sin duda que en los días que quedan del gobierno de Lenín Moreno, se buscará concluir con el “trabajo duro”: la privatización del Banco Central y la reforma a la legislación laboral. Se busca instalar que aquí somos privilegiados porque hay dólares, y que somos unos privilegiados y ociosos que queremos trabajar 8 horas diarias y tener vacaciones. Lo que se viene es una legislación laboral muy regresiva. 

Asimismo se concluirá con toda la privatización de los recursos estratégicos y de los bienes del Estado. El trabajo sucio está bastante avanzado como para que el país se vuelva la sede del capitalismo financiero que han propuesto Lasso y su gente. La aspiración es volverse un Panamá de la región andina, pero para eso deben borrar los controles constitucionales al accionar del capital financiero. Incluso pueden llegar a reponer la carta magna de 1998 o proponer una nueva, más radicalmente conservadora. 

No será tan fácil como esperar cuatro años para volver a ser electos, dado que se producirá un tremendo afianzamiento del neoliberalismo duro, lo que viene acompañado de un plan de eliminación de cualquier vestigio de la RC. Incluso hay quienes han llegado a sugerir la desaparición física de militantes y dirigentes. Detrás de estas políticas aparecen el Partido Social Cristiano o [la ex Ministra de Gobierno] María Paula Romo, responsable de la política represiva de Octubre. Se trata de sectores señalados en el informe de la Comisión de la Verdad, responsables directos de todo lo sucedido. 

El principal aliado, como ya fue anunciado por Lasso, será Estados Unidos. Van a intentar firmar inmediatamente un acuerdo de libre comercio, que más que un acuerdo será una capitulación que no respetará ni las leyes ni la constitución. 

¿Del sucre al SUCRE?: fantasmas de la desintegración regional

Uno de los ataques más potentes contra la candidatura de la RC fue contra la propuesta de integración regional. Andrés Arauz fue clarísimo, al señalar que venía con una agenda económica de saneamiento y redistribución, y luego una de revitalización de la integración latinoamericana, que implicaba por ejemplo la restitución de la UNASUR y de su sede en Quito [abandonada durante el gobierno de Moreno].

Contra esto se armó una campaña sucia en la que se sugería que se iba a quitar a los ecuatorianos el dólar para colocar el SUCRE [el Sistema Unitario de Compensación Regional de Pagos, proyecto de moneda común latinoamericana impulsada por Hugo Chávez y el ALBA-TCP]. Como nosotros tuvimos antes del dólar una moneda que también se llamaba sucre, se suponía que el satanizado socialismo de Venezuela y Cuba iba a llevar al Ecuador hacia sus peores momentos históricos. En cambio, se sugería, como ya tenemos una economía dolarizada debemos aspirar a ser algún día como los Estados Unidos. 

Las alianzas regionales que se afianzarán no son nuevas, son las que ya colocaron a Ecuador, bajo el gobierno de Moreno, en la Alianza del Pacífico. Por eso vimos que los primeros intercambios de simpatía diplomática fueron con [Juan] Guaidó y [Álvaro] Uribe. En el entorno andino sin duda se estrecharán más las relaciones con Colombia, el cual se toma incluso como un ejemplo en materia de legislación laboral flexibilizada, con jornadas semanales de 48 o 50 horas. 

Además, con el sector financiero a la cabeza, se privatizaran los bienes estratégicos con la presencia de las corporaciones transnacionales, nuevamente invitadas con todo entusiasmo, dado que estas serían necesarias ya no para dinamizar la economía, sino para poder vivir, ser y existir. 

Incógnitas en torno a los movimientos indígenas

Yo creo que los sectores de derecha del movimiento indígena tienen aspiraciones articuladas al proyecto de Guillermo Lasso. No han sido engañados: son neoliberales y quieren eso. 

Por supuesto que no se trata del movimiento indígena como un todo, sino de una fracción de derecha. Las comunas, las bases indígenas, han estado movilizándose en otro sentido. La derecha indígena se mueve en un entorno de fundaciones, de ONGs con ideas sociales pero no populares. Su desafío inmediato será desplazar a la RC en el legislativo, dado que según la ley esta tiene prioridad para presidir la Asamblea Nacional. Pachakutik está haciendo alianzas con la derecha para poder quedar al frente del organismo. Seguramente los veamos apoyar la legislación neoliberal propuesta, como lo hicieron en este período.  Como movimiento seguramente podrán recomponerse, dado que se trata de organizaciones históricas. 

He visto análisis que dicen que la izquierda ecuatoriano no se unió: ¿entonces que de la agenda programática que apoyaron 500 o 600 movimientos de todo el país, urbanos, campesinos, indígenas, de mujeres, de estudiantes? Creo que es una unidad que hay que valorar en este contexto de persecución. 

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