– Siguiendo con nuestra conversación, quiero preguntar precisamente por ese actor político tan particular que mencionabas, con el que ustedes tienen que confrontar en la lucha por la tierra. Es muy peculiar en la región el caso del Partido Colorado, que gobernó este país durante décadas, en democracia, en la dictadura de Stroessner y otra vez en la transición posdictadura. ¿Cómo podrías explicar a un latinoamericano este tipo de hegemonía política tan peculiar, o a una figura tan controversial como Cartes, apurado a la presidencia por los Estados Unidos para después ser designado por ellos mismos como un actor “significativamente corrupto”?
– Bueno, acá el poder oligárquico manejaba el poder político y a la sociedad bajo una dictadura terrible, donde no se permitía ningún tipo de reunión ni de oposición al partido de gobierno, que era y es el Partido Colorado. Y se manejó de esa manera durante casi 35 años de gobierno. Después se produjo un golpe militar [contra Stroessner], como un golpe preventivo que buscó anticiparse a las inquietudes de la gente contra la dictadura y se abrió entonces un cierto proceso democrático en donde uno podía ya hablar, organizarse, hacer algunas críticas, pero el poder seguía en manos del Partido Colorado.
Desde entonces vienen implementando una nueva forma de control a través de modelos políticos y de modelos económicos nuevos, apoderándose sobre todas las cosas de los recursos que tiene este país, que es sobre todo la tierra, que se va acaparando cada vez más en manos de una minoría mientras la gran mayoría de gente va perdiendo su propio territorio. El Partido Colorado y en gran medida en complicidad con ellos el Partido Liberal van entrando en una línea más criminal, se convierten en traficantes de todo tipo de actividades ilegales y criminales, van desplazando a los dirigentes más políticos, y tomando el control de las cúpulas partidarias hasta que finalmente llegan al gobierno.
En este momento el gobierno de Paraguay es encabezado por estructuras de poder mafioso, y por un grupo mafioso en particular que es el de Horacio Cartes. Mirá que hubo muchos otros criminales y narcotraficantes de la talla de Cartes, pero nunca llegaron al poder como aquel. Hablamos de un criminal, de un delincuente, de un ex convicto que después de pasar por la cárcel llega al poder, logrando algo que ni siquiera logró [el narcotraficante colombiano] Pablo Escobar. Y si llegó lo hizo acompañado de la política norteamericana, por el imperialismo, porque ellos necesitaban controlar mejor el Paraguay. Entonces le dan luz verde y entregan el gobierno a un narcotraficante.
A partir de ahí el desarrollo político criminal dentro del Partido Colorado va aumentando, va creciendo cada vez más la gente metida en el crímen organizado, se van instalando en el poder judicial, en grandes territorios que se convierten en lugares de tráfico de droga. Cada vez más vemos territorios sin control alguno del Estado, con pistas de aviación clandestinas. Esta es la forma de operar de ellos. Cartes y todos sus operadores tienen vía libre desde el imperialismo norteamericano para actuar, para llevar toda esa producción de cocaína. Pero a cambio Donald Trump y compañía les están chantajeando con la amenaza de llevarles presos a Estados Unidos. Y a cambio de que eso no suceda van entregando los mejores recursos a intereses imperialistas, norteamericanos. Lo que tiene detrás el último acuerdo del gobierno de Santiago Peña con Estados Unidos [el Status of Forces Agreement, o acuerdo SOFA, firmado el 15 de diciembre de 2025], tiene por detrás salvar a Cartes a cambio de un acuerdo de entrega total de nuestra soberanía, de nuestros recursos energéticos, permitiendo mayor presencia militar gringa y que sus militares tengan acá total inmunidad para hacer cualquier cosa.
– ¿Dónde están operando? ¿En qué territorios del país? ¿Cuáles son sus intereses prioritarios?
– Bueno, ya vino una delegación importante y ya se bajó acá. Están metidos seguramente hasta este momento en los poderes del Estado y viene con la línea y con la tendencia de ir aumentando su presencia de acuerdo a su necesidad. Estamos entonces en una línea en donde el control y la entrega de nuestra soberanía, nuestro territorio, nuestros recursos, y la presencia militar será cada vez mayor. Así que no estamos tan bien. Diría que estamos cada vez peor.
Lo más jodido todavía, lo más terrible en el caso nuestro, en el caso paraguayo, es que los que dicen ser oposición, también tratan de congraciarse con los norteamericanos, con la política de Donald Trump. O sea que la disputa es acá quien está más cerca, con una línea más afín a la política de Estados Unidos. Una oposición independiente, una oposición que mire al imperialismo norteamericano, a la política imperialista norteamericana, como un peligro, y que decida confrontarla, esa línea prácticamente no existe más.
Nosotros lo que estamos tratando es de recuperar, de reorganizar nuestras fuerzas. No podemos decir que estemos fuertes; estamos recibiendo golpes y golpes, cada vez más golpes. Por eso te dije de entrada que prácticamente fuimos derrotados, y que lo que nos queda es trabajar, rearticular, y empezar casi desde la nada.
– Estamos en el norte del país, más o menos próximos de la frontera con Brasil, el gigante sudamericano. No puedo dejar de preguntarte por la relación, no con el país en abstracto, sino puntualmente con los propietarios brasileños y con los capitales del agronegocio. ¿Cómo se articula el problema de la tenencia de la tierra, de la lucha por la tierra, con las reivindicaciones en torno a la cuestión nacional y la soberanía paraguaya?
– Esta es una lucha feroz, terrible, pues la entrega de nuestra soberanía y nuestro territorio es demasiada a los brasileños. Hay algunos que también están metidos en el crimen organizado, metidos con la mafia, son muchos de esos los que vienen acá, ya que el jefe máximo y el capo de la mafia acá es Horacio Cartes. Paraguay funciona como un lugar de refugio para el crimen trasnacional. Ellos están prácticamente invadiendo el país. Con la llegada de los grandes terratenientes de Brasil, estamos sufriendo una nueva industria que prácticamente se instaló con Cartes, con el gobierno de Peña, con el gobierno anterior de Marito [Mario Abdo Benítez], que es la industria del sicariato. Aquí los narcotraficantes brasileños vienen con plata en negro a comprar tierras con toda facilidad; no hay ley que lo impida. Entonces vienen, compran grandes extensiones de tierra, se instalan ahí, como si fuera un cuartel, desde donde reclutan a brasileños y paraguayos y los convierten en sicarios.
Desde acá fue que este grupo del narcotráfico ordenó la ejecución de un fiscal en Colombia, de un fiscal paraguayo [se refiere al caso de Marcelo Pecci, especializado precisamente en mafias y narcotráfico, quien fue baleado el 10 de mayo de 2022 en la península de Barú, en Colombia]. Desde acá se ordena la ejecución de legisladores, diputados, se le ejecutan a intendentes de una ciudad, hasta un nivel en que se vuelve prácticamente incontrolable. No hace mucho fue el caso de un militar en activo, que al mismo tiempo era estudiante de derecho, que estaba llegando a la facultad cuando vienen dos sicarios y le ejecutan [se refiere al caso del teniente coronel Guillermo Moral Centurión, asesinado el 2 de octubre de 2025 frente a la sede de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Asunción]. O sea que a nadie se perdona, ni siquiera en las filas policiales ni militares.
El avance brasileño viene poderosamente contaminado por el crimen organizado instalado en Brasil, como el Comando Vermelho o el PCC [Primeiro Comando da Capital, en portugués].
– ¿Y cómo se expresan en las zonas rurales y en las comunidades campesinas estos procesos como el avance de la violencia, la militarización y el narcotráfico? ¿Cuánto ayuda a explicar el retroceso del movimiento campesino la irrupción o agravamiento de estos fenómenos?
– Es terrible lo que estamos sufriendo. Y si vamos a calificarlo en un solo término, lo que estamos sufriendo es traición a la patria. El gobierno de turno, las autoridades de turno, están cometiendo barbaridades, traicionando a sus propios conciudadanos. Y lo hacen a la vista de todos, porque basta ir a las redes sociales para ver, por ejemplo, a las comunidades indígenas pidiendo socorro, pidiendo auxilio en la comisaría más cercana, o al Ministerio del Interior, mientras son ejecutados por civiles armados, por sicarios, con la total omisión del gobierno.
Así estamos sufriendo en este momento en el campo. Y por eso vamos a chocar directamente en esa dirección, en esa línea, porque la lucha por la tierra en Paraguay es una confrontación directa con el crimen organizado. Algunos de estos narcos están presos hoy, condenados en Brasil, y otros acá. Por eso la disputa es por todas esas tierras que están siendo incautadas, pero para ser entregadas a otros grupos del crimen organizado. Son ellos los que se presentan a reclamarlas, porque una de las formas de repartir estas tierras incautadas es a través de las subastas. Hablamos de más de 138 mil hectáreas incautadas, en manos del Estado y en proceso de remate. Imagínate; se está subastando un país, nuestro país, el Paraguay.
– ¿Y no hay ningún límite legal a la subasta de estas propiedades a extranjeros?
– No, ningún límite. Algunos llegan a tener ¡un millón de hectáreas!, en un país de 40 millones, como en el caso de algunos grupos, de corporaciones como el Grupo Favero [liderado por el empresario brasileño Tranquilo Favero, que produce por sí solo alrededor del 8% de toda la oleaginosa del país].
– Una última pregunta. Aún en este contexto tan complejo, con tantos actores y escenarios adversos, sé que impulsaron –y que vos fuiste el principal dirigente– un intento muy interesante y audaz de recuperar precisamente algunas de las tierras malhabidas de un narcotraficante brasileño en la Estancia Lucipar. ¿Cómo se organizó eso?
– Como te decía, estamos en una contradicción muy importante porque ellos incautan pero no reparten. Entonces nosotros ahí articulamos a las organizaciones sociales, a los campesinos sin tierra, en una disputa que no es contra la propiedad privada sino una disputa por tierras que están en manos del Estado, incautadas al crimen organizado. Y si nosotros realmente somos parte del Estado también tenemos derecho a esas tierras. Por eso mismo estamos preparando un proyecto para modificar la ley, porque la ley del SENABICO establece que todas las tierras incautadas sean subastadas, lo que es una locura. Lo que nosotros planteamos desde hace años es que todas las tierras malhabidas sean destinadas con fines de reforma agraria, pero aunque presentamos una ley y realizamos muchas audiencias públicas, nunca fue tratada. El Estado y el gobierno paraguayo se niegan a través de sus instituciones a dialogar con nosotros, porque no tienen elementos fundamentos jurídicos para no entregar esas tierras, más cuando la mayoría de los que se presentan a comprar son terratenientes, en su gran mayoría brasileños.
O sea que nosotros estamos reuniendo aquí a un gran conglomerado de narcotraficantes y criminales que se están apoderando de nuestro territorio. Pero estamos en esta lucha, y aunque con mucho cuidado y de a poco, será una confrontación de alto nivel con el gobierno y el crimen organizado.
Lo que ellos buscan es que nadie más hable nunca en Paraguay de tierras incautadas, de oposición política, de organización campesina. Que nadie hable de las más de nueve millones de hectáreas de tierra malhabidas que hay en nuestro país. Por eso la represión es tan brutal y violenta. Buscan cualquier pretexto para que un dirigente que hable de estos temas sea llevado a la cárcel, porque estaría cometiendo apología del delito. Y así y todo aquí estamos, organizándonos y conversando, aunque sea con esta tobillera electrónica de por medio.
– Lo bueno es que tenemos una grabación de respaldo
– Después le puedo pedir el audio al Ministerio del Interior [se ríe con una gran carcajada]
– Elvio, muchísimas gracias por tu testimonio
– Un gustazo








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